Ortigueira, «santuario do folk mundial»

Milladoiro, cuya trayectoria discurre en paralelo al Mundo Celta, situó el festival en lo más alto


ORTIGUEIRA / LA VOZ

La memoria, en blanco y negro, de los primeros años del Festival do Mundo Celta se proyectó en las pantallas que flanquean el escenario de la Alameda la noche del sábado. A Juan y a Pilar les conmovió «volver a ver aquela masa de xente, no patio do escolar». Allí estaban en 1978 y 40 años después, a todo color, volvían a encontrarse entre el público, ya en la Alameda, para escuchar a Milladoiro «e bailar a muiñeira». Nada trasciende tanto las diferencias generacionales. El grupo que nació a raíz del surgimiento del Festival de Ortigueira regresó para celebrar «unha vida parella». Xosé V. Ferreirós, que participó en la primera edición, igual que Moncho García y Nando Casal, se emocionó al interpretar temas del primer disco de la banda, Berro seco, «neste santuario do folk a nivel mundial».

Julio, sadense, se entregó. «Es mi festival número 15 y ojalá hubieran sido más». Él y su amigo Aitor tararearon Abrente en Ortegal, una pieza dedicada a esta tierra, y lo intentaron con el tema del británico Ewan MacColl con el que Milladoiro quiso rendir tributo «a unha figura importantísima da música folk», al que puso voz el violinista Harry C. A Lucas, madrileño, y a su novia, Lucía, extremeña, les gustó especialmente la interpretación de Mar antigo, un alalá que Milladoiro estrenó en el festival El Espíritu del Planeta, en Bérgamo (Italia), por el simbolismo «dun planeta en paz e máis xusto».

La explanada de la Alameda ya había vibrado, con las últimas luces del día, coreando «arriba os de abaixo, abaixo os de arriba», lema de Os D’abaixo, la banda compostelana que no dejó a nadie indiferente. Ni siquiera a los Pablos, cinco amigos, cuatro de Pontevedra y uno de Sanxenxo, cautivados por el ambiente de Ortigueira y que osaron bailar, cerveza en mano, al ritmo del Ai lalelo, ai lalalo. «Pero como mi pueblo no hay nada», aclaró el Pablo de Sanxenxo, capaz de disertar sobre el mercado inmobiliario -«los alquileres de casas llegan a 8.000 euros la quincena en verano»- y no perderse la melodía de la balada Terranova.

«Xa pasaron corenta anos», constató Ferreirós. Y Juan y Pilar sonrieron sin nostalgia, «Hai que mirar adiante e vivir». Sin perder el norte, que para eso está la brújula de la portada de Atlántico, el nuevo disco de Milladoiro. O tal vez perdiéndolo, a lo que incitaba un vendedor ambulante: «Beber licor café o morir».

En el «santuario do folk mundial» también sonaron los ritmos mestizos de la banda canadiense Yves Lambert Project, creada por el cofundador y miembro del grupo de culto de Québec La Bottine Souriante, que dejó en 2003. En abril embaucó al público del Teatro de Beneficencia y el sábado volvió a hacerlo, esta vez con varios miles de personas, repartidas entre la explanada de la Alameda, el paseo marítimo y los jardines del paseo del Malecón. Gabriel G. Diges, la banda irlandesa vencedora del Runas del año pasado, clausuró otra noche mágica al pie de la ría de Ortigueira.

En el cartel de 2019

Parte del público lo vaticinó nada más acabar el concierto del jueves y el jurado lo ha certificado. La banda polaca Beltaine, la última de las tres finalistas del proyecto Runas en subir al escenario la noche inaugural, ha ganado el concurso de grupos emergentes de este año, lo que le sitúa de forma automática en el cartel del Mundo Celta de 2019, además de recibir tres mil euros. Los miembros del tribunal han destacado «la coordinación musical, la conexión con el público y el espectacular directo» de la formación. Competía con The Taverners, de Castilla y León, y Brumafolk, de Cantabria, seleccionados en su día entre los 19 aspirantes.

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