¡Pero, qué bien se vive en la aldea!

Ana F. Cuba ORTIGUEIRA

ORTIGUEIRA

La despoblación se ceba con Ortigueira, con excepciones como el lugar de Sixto

05 ene 2017 . Actualizado a las 07:59 h.

En dos décadas, Ortigueira ha perdido el 31,4 % de la población, cayendo de 8.893 habitantes a 6.093 (a 1 de enero de 2016). Y lidera la relación de ayuntamientos coruñeses con más núcleos vacíos, por encima de un centenar. Pero hay excepciones, como la aldea de Sixto, en la parroquia de San Claudio, con 25 o 26 residentes, según quien los contabilice, y solo una vivienda desocupada (los propietarios de otras dos casas residen entre Sixto y A Coruña). El envejecimiento es otro de los males que acechan el municipio y la comarca, y del que este núcleo situado en una ladera del valle de San Claudio, en la Volta de Arriba, se libra, al menos de momento, con solo cinco jubilados y siete chavales. La abuela, Basilia, tiene 86 años, y la benjamina, Sheila, cinco.

El perro «Rex», «Paciencias»

Nada más entrar en la aldea, donde se cruzan cinco caminos, uno de ellos real, el visitante se encuentra a Rex, un perro de edad indeterminada, apodado Paciencias, que sestea en medio de la vía y solo se aparta en caso de necesidad -«hay que pedírselo por favor», apunta Pepe, que ejerce de anfitrión y agasaja con roscón y champán a sus paisanos y a la advenediza-. El can apareció hace ya mucho tiempo. «Estaba en un campo con mis padres, vino y se quedó a mi lado, mi madre dijo que esperáramos 15 días y si nadie lo reclamaba nos lo quedábamos; era verano», cuenta Marcos. Con 15 años, es uno de los vecinos más jóvenes, que recorre a diario los más de 500 metros de distancia hasta la carretera general para subirse al autocar que le lleva al IES de Ortigueira (a unos ocho kilómetros). 

Su hermana, Jennifer, tiene 21 años y estudia Filología Francesa en Santiago, pero regresa a casa cada fin de semana. La Mesi de Sixto, como la conocen sus convecinos por su habilidad con el balón en el equipo de la UD Cebarca, de A Barqueira, prefiere el pausado ritmo de vida de su aldea al ajetreo de A Coruña, donde vivió dos años. Su padre, Vicente, de 47, también valora el sosiego del campo: «Es la tierra de mis padres, he nacido aquí y siempre me ha gustado».