Ignacio Cabezón, ex alcalde de Neda, 67 años
11 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Médico, alcalde y amigo. Cierto es que el orden no altera el resultado: Ignacio cabezón Petit. Las arrugas que, como orfebre fiel y meticuloso, has construido en nuestros rostros a base de contagiarnos tu sonrisa no son capaces de contener las lágrimas que las surcan, al contrario ocurre con los grandes espacios llenos de vacío allá donde vayamos, estos se antojan difíciles de llenar, pero lo intentaremos amigo Petit, tú nos lo has pedido muchas veces y ese es el patrimonio a cuidar: que no te echemos de menos, que no nos enlodemos en el dolor de la ausencia.
Ese vacío que semeja inabarcable lo iremos cubriendo, no te quepa la menor duda, con lo que nos has enseñado, y cada vez que nos asomemos a lo que presumía ser un abismo veremos como se va moldeando una figura a tu imagen y semejanza. La sonrisa en la mirada, la más natural y sincera en el ser humano. El «hasta luego» rebelde que jamás se dejó contaminar por un «adiós» despiadado. Las palabras de consuelo a quien las necesitara, sin duda la mejor medicina. La esforzada ayuda, incluso aunque no te fuera solicitada, y sabedor, las más de las veces, de una posible negación de un reconocimiento siempre innecesario. Tus discrepancias, siempre fortalecedoras de amistades. Tu ignorancia suplantada con geniales dosis de inventiva y humor, al tiempo que tu sabiduría y poderío no dejaban al aire la insignificancia de los demás. Tus pequeños retazos de un odio siempre acechante, al instante transmutados en verdaderas dosis de cariño. La atención con la que siempre has escuchado a los que te contaban sus cuitas, y cuyas palabras jamás nacían anestesiadas para el recuerdo. Las maldades y fechorías de los demás las ensombrecías para siempre, al tiempo que las alegrías las compartías con imperiosa necesidad; poseedor de tal amistad que hacía imposible, ni siquiera pensar, su paso al penoso sentimiento de una traición súbita. Tu tiempo, amigo Petit, siempre se llenaba con el tiempo de los que a tu lado estábamos.
Amigo Petit, conseguiremos rehacerte porque estabas repleto de vida, contigo hemos comprendido que hay que morirse vivo como tú lo has hecho, hasta tal punto que ya sabemos que, sin más que quererlo, se puede seguir viviendo después de morir.
Es cierto que el alegre trino de los pájaros refuerza un amargo silencio, pero unos callados ruidos empiezan a excitarnos la curiosidad, son como murmullos espoleados por las ramas del árbol de hoja perenne que se atisba por el ventanal, y es, como sabemos, símbolo de la eternidad.