A ver si canta el cuco

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

MONFERO

16 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

A diferencia de lo acontecido en la Terra Chá, y en el mismísimo Lugo, aquí, donde Europa comienza, a estas horas, y al menos que uno sepa, aún no se ha sentido -y permítanme usar ese verbo, sentir, porque hay músicas que no se escuchan, sino que se sienten- cantar al cuco. Confiemos, en cualquier caso, en que no tarde demasiados días en cantar de nuevo, por ejemplo en las tierras que fueron del viejo monasterio de Santa María de Monfero, donde siempre se le ha querido mucho. Y esperemos que tampoco tarde demasiado en llegar a la fraga de Rol, que es ese minúsculo bosque mágico, otro tesoro casi secreto, que sube hacia Magalofes desde donde las aguas de Sillobre tienden a convertirse en molinos. Bien sabe el Cielo que, aunque haya quien piense lo contrario, echar de menos el canto del cuco no es ninguna tontería. En realidad, es la evidencia de que la vida pasa corriendo, y de que la edad que veíamos tan lejana, esa edad que nos parecía casi imposible, llega enseguida. Releo estos días a Manuel María, que le quería tanto a Ferrol, y me parece estar oyendo su voz. Sobre todo cuando menciona a Carlos Vidal, que con Garcés, Isaac Díaz Pardo, Tomás Barros y Mario Couceiro hizo posible que esta Última Bretaña iluminase el mundo de las letras con la legendaria revista Aturuxo, una ventana abierta a la mejor poesía. Para leer sus versos, los poetas se reunían en Bonilla, que aún conserva la mesa a la que se sentaban. Por allí pasaron, entre otros, Luz Pozo, Álvaro Cunqueiro y Antón Avilés de Taramancos. Siempre me emociono un poco al recordarlo.