Aparcamientos llenos de cráteres en Ferrol: «No hay un trozo que no tenga baches»

FERROL CIUDAD

Los socavones toman la parcela 1008 y los hundimientos regresan al Sánchez Aguilera

28 dic 2023 . Actualizado a las 12:14 h.

Los baches se hacen fuertes en dos de las principales bolsas de aparcamiento libre de Ferrol. En Esteiro, la superficie de la parcela conocida como 1008, en la zona de Batallones, funciona como estacionamiento desde hace décadas, a pesar de ser, oficialmente, una zona verde. En la práctica, la única vegetación es la maleza que brota en el perímetro. Y el terreno se ha convertido en un barrizal intransitable donde los socavones se cuentan por decenas. En él recalan a diario, y como última opción, más de un centenar de conductores, hastiados de no encontrar otro lugar más seguro donde dejar estacionado su coche. El campo de cráteres en el que se ha convertido luce en todo su esplendor en jornadas con lluvias copiosas, que revelan la dimensión de baches que alcanzan varios metros de diámetro. Con tiempo seco se advierte, además, su peligrosa profundidad. Y los márgenes elevados que actúan de frontera entre unos y otros hacen que los coches rocen sus bajos contra el terreno.

Ciudadanos que acuden a hacer gestiones en el barrio o en el centro y, sobre todo, la comunidad universitaria del campus son los principales usuarios de una parcela en el limbo. Desde el Concello se traslada que «la idea es actuar en la zona», pero el gobierno local elude por el momento desvelar sus planes.

Un mes después del arreglo

A un kilómetro de distancia, la situación del Sánchez Aguilera desespera a los usuarios. Allí sí existe oficialmente un párking municipal disuasorio, con capacidad para unos 250 vehículos. Pero tras doce reparaciones en ocho años y la inversión de una cuantía cercana a los 100.000 euros en arreglos, el firme continúa hundiéndose una y otra vez. El último parche se realizó en noviembre, para borrar los peligrosos hundimientos existentes en los accesos del aparcamiento de tierra desde la avenida de Vigo y el Paseo de la Estación. Y sin que se haya cumplido aún un mes y medio desde entonces, los socavones han vuelto a aparecer.

La pasada primavera se acometió una reparación que supuestamente daría una solución duradera a este espacio, pero los baches volvieron a brotar al mes. Ahora el nuevo gobierno local asegura que se trabaja para «adoptar una solución definitiva y que esto no vuelva a ocurrir».

Alumnos del campus como Carlos González y David Freijomil son usuarios habituales de la parcela de 1008 ante la escasez de aparcamiento.
Alumnos del campus como Carlos González y David Freijomil son usuarios habituales de la parcela de 1008 ante la escasez de aparcamiento. R.P.P.

Carlos González y David Freijomil, universitarios

«Está cada vez peor y el coche ya rascó todo por debajo»

De lunes a viernes el coche en el que Carlos González y David Freijomil acuden a sus clases en el campus universitario se enfrenta a la dura orografía de la parcela de 1008. «Lo dejamos aquí porque es el que está más cerca, y en el horario en que venimos nosotros, de diez y media a dos es donde hay sitio. Tenemos que venir aquí obligatoriamente», cuentan sobre el terreno. Se convirtieron en asiduos en septiembre, con el arranque del curso. «Desde que empezamos está así. Bueno, en realidad cada vez está peor, con el agua. En el invierno pones el coche lleno de tierra por todos los lados», prosiguen. Pero el problema va más allá de la suciedad: «Hay unos baches que ya rasqué el coche todo por debajo».

Lorena Díaz

«Es imposible llevar los pies limpios»

Lo utiliza esporádicamente cuando acude a hacer gestiones al centro. Y hace unos días, a media mañana, recurría al deteriorado aparcamiento de Esteiro como única opción viable para poder dejar estacionado su vehículo en la zona mientras acudía al festival de Navidad en un centro educativo cercano a la parcela de 1008. Lorena Díaz se mostraba sorprendida por el mal estado del firme. «Está fatal, no hay un trozo que no tenga baches», señalaba mirando alrededor a la sucesión de agujeros llenos de agua que se extendía tras su coche y el suelo convertido en un barrizal. «Es imposible llevar los pies limpios», reprocha. «Y con los días de lluvia es tremendo», agrega.