Nuria González ha abierto una tienda de ropa: «La gente se alegra de ver nuevos negocios en As Pontes; si no, el pueblo se muere»
AS PONTES
Ático 30 es la franquicia de moda con la que opera esta pontesa de familia originaria de León
12 ene 2026 . Actualizado a las 17:38 h.Nuria González García (León, 48 años) reivindica su identidad pontesa. Para muchos es la hija de Eduardo, un leonés que recaló en As Pontes en 1975 para trabajar en la fábrica, conocido sindicalista de Endesa. Otros la identifican como la madre de Adrián o por su familia política, los Fornos, a la que pertenece su suegra (su suegro es de Ponferrada). Pero desde el viernes, Nuria es, aparte de todo lo demás, una emprendedora al frente de su propio negocio, una tienda de ropa.
Esta técnica superior en Animación de actividades físicas y deportivas jamás ejerció como tal y durante casi 24 años trabajó en la empresa de artes gráficas Einsa Print, a diez minutos en coche de su casa. «Fui de los primeros a los que echaron, hace dos años. Solicité el paro, me dieron la indemnización y más adelante empecé a trabajar en una tienda de ropa, estuve nueve meses, hasta que cerró, a finales de julio. Volví a pedir el paro y me tiré a la aventura», resume.
Optó por capitalizar la prestación por desempleo para abrir su propio negocio, Ático 30, una franquicia de moda, en un local alquilado en la avenida da Coruña que llevaba años dedicado al sector, primero con Ramil y últimamente con El Baúl. Ofrece ropa de bajo coste y también de gama premium, con marcas como Only, Only & Sons o Vero Moda, para hombre y mujer y todo tipo de tallajes. Además de complementos como bolsos, cinturones, calcetines o boxers.
«El local quedó vacío el 30 de septiembre y en octubre me decidí y hablé con el propietario», cuenta. La experiencia de nueve meses de venta al público supuso «un aprendizaje brutal» y acabó sirviéndole de estímulo para hacerse autónoma. «No me veo como empresaria; mi padre, que es sindicalista, se ríe de mí», comenta entre risas. Algo ha tenido que ver su marido, que descubrió Ático 30 curioseando por internet en busca de franquicias. «Cuando me lo comentó me pareció una locura», reconoce. Pero luego algo despertó su espíritu emprendedor y empezó a ver señales que le marcaban el camino.
Todo apuntaba a la tierra de sus padres. La franquicia tiene su sede en Villadangos del Páramo, a veintipocos kilómetros de León, y justo el último fin de semana de octubre, Nuria y su familia tenían que ir a la ciudad de sus padres para asistir a la boda de una prima hermana. «Esto es el destino, una luz», pensó entonces. Ya habían contactado con Ático 30 y aprovecharon el viaje para visitar las instalaciones desde las que distribuyen la ropa. Al fin de semana siguiente sellaron el acuerdo, pero faltaba muy poco para Navidad y optaron por aplazar la apertura hasta después de Reyes. «Empezamos ya en época rebajas. Tengo un expositor de chico y otro de chica con descuentos, pero hay muchos artículos de la nueva colección (de invierno, de continuidad) que de momento no he rebajado», explica. Al tratarse de una franquicia, asegura que «el riesgo es controlado» y confía en obtener ayudas como mujer emprendedora mayor de 45 años.
Celebra la respuesta de la clientela: «La gente se alegra de que haya abierto (hay quien piensa que es la misma tienda en la que trabajé, que se cambió de local), les gusta que abran negocios porque si no, el pueblo se muere. No hay tanta vida como antes, pero si les damos ventajas aquí, no se van a otro sitio»». De su entorno familiar ha recibido mucho apoyo y está contenta de trabajar con un horario comercial, después de tantos años a turnos: «Con dos hijos pequeños, las noches las llevaba muy mal».