La responsable de la delegación turca recaló hace trece años como universitaria: «No hablaba nada de español, tenía la habitación de mi residencia llena de pósits»
22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Fatma Nur Ayar (Estambul, 1991) encarna la importancia de la relación universidad-empresa y el binomio UDC-Navantia. En poco más de una década ha pasado de ser una estudiante del programa Erasmus, que no hablaba una palabra de español, a liderar la delegación de Navantia en Turquía. Hoy, desde su puesto como responsable y key account manager para el mercado turco y rumano, coordina proyectos internacionales del sector, con su vínculo emocional y profesional con Ferrol intacto. Precisamente, esta semana regresó a la urbe naval para participar en unas jornadas intensivas con toda la división comercial de la compañía. «Estamos en unos cursos para mejorar las ofertas y ver a qué puntos tenemos que dar más importancia. Es muy intenso, pero sirve para conocernos bien», explica sobre su actual visita a España.
Su vinculación con Ferrol se remonta a 2013, cuando cruzó Europa para cursar el último año de su carrera como ingeniera naval en el Campus Industrial. Su decisión no fue fácil de encajar en casa: «Mi familia es muy tradicional y conservadora. Cuando fui aceptada en el programa nadie se puso contento, pero yo lo tenía muy claro. Si quiero hacer algo, doy todo mi esfuerzo». Su primer gran obstáculo fue el idioma. «Pensaba que todo iba a ser en inglés, pero no fue el caso. Al principio tuve muchas dificultades para comunicarme», relata. Lejos de rendirse, se volcó en el aprendizaje. «Andaba siempre con mi diccionario a todos los lados, por la calle, en el supermercado... Y las paredes de la habitación de mi residencia estaban llenas de pósits de colores con las cosas que no sabía y aprendía cada día», señala. En seis meses ya hablaba con fluidez.
Entonces no llegaba a imaginarse que su aventura universitaria sería su gran oportunidad laboral. Un profesor de la UDC, trabajador de Navantia, le ofreció prácticas en la oficina técnica de la empresa con las miras puestas en el contrato del programa naval turco. Le abrieron las puertas del sector de forma definitiva. Jorge García Monedero, entonces director de la delegación de Navantia Turquía, y Ricardo Viaje, director del programa, le pidieron que terminara la carrera cuanto antes para incorporarse al equipo. Se sumergió de lleno en las negociaciones del contrato, viajando a Ankara para reunirse con la Armada turca, la Subsecretaría de la Industria de Defensa y los ejecutivos de Navantia. «Se negociaba sobre estructuras, electricidad o propulsión. Salía de aquellas reuniones alucinada», confiesa.
A los seis meses se firmó el acuerdo y Ayar se convirtió en una pieza clave en el astillero turco Sedef, donde Navantia ejercía como subcontratista de diseño. Como coordinadora de ingeniería, fue el nexo entre los equipos españoles y turcos durante la fase de construcción del buque de asalto anfibio TCG Anadolu. Para afianzar sus conocimientos, en el 2016 regresó a Ferrol durante un año. «El objetivo era ver cómo es la función de ingeniería y qué hacíamos, porque al volver iba a coordinar el equipo. Compartí cómo era la cultura de Turquía y los temas técnicos, porque siempre adaptas el diseño a las necesidades del cliente», recuerda. De vuelta a Estambul, supervisó todas las etapas del contrato hasta la entrega del barco en el 2023. Tras este hito, su deseo de conocer nuevos buques la trajo de nuevo a la ciudad naval, donde trabajó año y medio en el programa de las fragatas F-110.
A finales del 2024 asumió el reto de cambiar el área de programas por la comercial. Hoy, como responsable de la delegación, gestiona el sostenimiento del Anadolu, tramita acuerdos con Navantia Motores y mantiene el contacto con la industria de defensa local para futuros proyectos. «Llevo más de once años en mi primer trabajo; yo solo me esforcé y estudié».
Recuerdos en Estambul
En su mesa de la oficina en Estambul conserva unas piedras de San Andrés de Teixido que acaricia cuando se estresa, y no duda en presumir de la calidad de vida de la ciudad naval ante sus compañeros. «Ferrol es mi segundo hogar. En Ferrol vas andando a todas partes. Salía de trabajar en verano y en veinte minutos estaba en la playa de Doñinos; entera para mí», ensalza.