Una calle entre el enfado y la resignación en Ferrol: «Lleva poco más de un año y ya hay que levantarla»

FERROL

JOSÉ PARDO

La reparación de Iglesia mantiene cerradas cuatro manzanas, afectando al tráfico y al comercio

16 sep 2025 . Actualizado a las 04:14 h.

Dos jóvenes aguardaban pacientemente en la marquesina de la plaza del Callao a que llegara ayer su bus. En vano. Ninguna línea hace parada allí desde el lunes por la tarde, cuando quedó cerrada al paso una nueva manzana de la calle de la Iglesia. No hay cartel alguno. «Nunca avisan», lamentan resignados emprendiendo su ruta ascendente hacia la parada de la plaza de España. Los usuarios del transporte urbano no fueron los únicos sorprendidos por el más reciente, aunque no último, corte en la vía. Las vallas abortan el giro en Correos, impidiendo, entre otros destinos, llegar al aparcamiento del Cantón. Caras de sorpresa y gestos de hastío al volante mientras los vehículos continúan Concepción Arenal arriba. O dan vuelta por la plaza de Galicia.

Cuatro de las ocho manzanas de la calle de la Iglesia están blindadas por las vallas, año y medio después del estreno de una reurbanización que costó 4,5 millones de euros y dos años de obras, y que ya fue reparada el pasado enero. Los desperfectos aparecidos —grietas, fisuras, baches y hundimientos— obligan ahora a picar grandes zonas de firme, volver a hormigonarlas... y dejarlas secar bien. El Concello no ha puesto fecha al fin de unos trabajos, con cargo a la garantía de obra, y que el gobierno local aguarda que no se extiendan más allá de un mes, con el tramo más complejo por delante. «Tienen al menos para todo el mes», apuntan a pie de obra. El malestar y la resignación conviven en una calle en la que la facturación de algunos negocios se comienza a resentir y donde reside la queja unánime por la falta de información.

Susana Oreona y Susana Puentes, madre e hija, en la Farmacia del Cantón.
Susana Oreona y Susana Puentes, madre e hija, en la Farmacia del Cantón. JOSE PARDO

Susana Puentes y Susana Oreona, Farmacia del Cantón

«Ya dijimos que este trozo se iba a hundir»

«La obra se ha hecho con una previsión bastante mala», opinan Susana Puentes y su madre, Susana Oreona, en la Farmacia del Cantón. «En su día ya comentamos con los obreros que este trozo se iba a volver a hundir». Y así fue. «Vecinos y clientes se quejan y tienen la misma opinión: que en Ferrol las obras que se hacen se vuelven a levantar a los cuatro días».

Dolores Veloso preparando un ramo en su establecimiento, Flores de mis amores.
Dolores Veloso preparando un ramo en su establecimiento, Flores de mis amores. JOSE PARDO

Dolores Veloso, Flores de mis amores

«Creo que abrieron la calle solo para la foto»

«Hasta ahora nunca tuve pega con las obras de la calle, de hecho creo que trajo más gente. Pero se supone que estaba todo arreglado y ahora volvemos a levantar todo. Creo que la abrieron solo para la foto», expone Dolores Veloso, de Flores de mis amores. «Está pasando mucha menos gente», añade, afectando a la venta, a lo que suma los problemas de logística.

Olegario Álvarez y Angélica Gallegos, sobre una de las manzanas de la calle de la Iglesia cortada al tráfico, frente al mercado.
Olegario Álvarez y Angélica Gallegos, sobre una de las manzanas de la calle de la Iglesia cortada al tráfico, frente al mercado. JOSE PARDO

Olegario Álvarez y Angélica Gallegos, Kenia y Bocatería Da Terra

«Las obras se notan mucho, pero tratamos de ser positivos»

«Lo más molesto fueron los días que estuvieron picando, por el ruido y el polvo», cuentan Olegario Álvarez, de Kenia, y su mujer, Angélica Gallegos, de la bocatería Da Terra, en el mercado. «Las obras se notan mucho, hay descenso de ventas cuando tienes la maquinaria enfrente», pero «tratamos de ser positivos y ver que las cosas se hacen por algo».

Manuel Ángel García a las puertas de la peluquería Mitos.
Manuel Ángel García a las puertas de la peluquería Mitos. JOSE PARDO

Manuel Ángel García, peluquería Mitos

«A ver si ahora queda mejor y no surge nada»

A la puerta de la peluquería Mitos se toma un respiro Manuel Ángel García Mera. «Si no se hicieron bien las cosas al principio, hay que arreglarlo», justifica. «A ver si ahora queda mejor, esperemos que sea la última vez y no surja alguna cosa más», expresa, aunque asegura que el corte no perjudica a su negocio, con clientes que aprovechan el aparcamiento del mercado.

Patricia Aneiros, dentro de su tienda de telas, Tejidos Patry, situado frente a San Xiao.
Patricia Aneiros, dentro de su tienda de telas, Tejidos Patry, situado frente a San Xiao. JOSE PARDO

Patricia Aneiros, Tejidos Patry

«Me tienen que traer los paquetes desde Correos»

Son las primeras obras que le tocan vivir a Patricia Aneiros al frente de su negocio, Tejidos Patry. Las tareas se han traducido en «ruido» y que «no se puede circular por aquí: la gente que me deja los paquetes tiene que venir desde Correos», explica. Pero, asume, «es lo que tienen las obras». «En movimiento de gente no lo noté, vienen igual a probar», apostilla.

Noelia Díaz y Agustín del Río, vecinos de Mandiá, paseando por la calle este martes.
Noelia Díaz y Agustín del Río, vecinos de Mandiá, paseando por la calle este martes. JOSE PARDO

Agustín del Río y Noelia Díaz, viandantes

«Es un desastre, aquí no hay control de nada»

«La obra me parecía estupenda, pero ahora me parece un verdadero desastre: lleva poco más de un año y que ya haya que levantarla en varios sitios», se queja Agustín del Río junto a Noelia Díaz, vecinos de la zona rural. «Aquí no hay control de nada», reprocha. «Imagino que lo reparará la constructora que lo hizo, pero el problema es el daño que hacen al pueblo».