El TSXG confirma la condena de 21 años de cárcel impuesta a un hombre de la zona de Ferrol por cuatro delitos de abuso sexual

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Sede del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia
Sede del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia PACO RODRÍGUEZ

Tres de las víctimas eran sobrinas nietas del condenado, y dos de ellas, menores de edad

20 ene 2025 . Actualizado a las 13:38 h.

La Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) ha confirmado la sentencia de la Audiencia Provincial de A Coruña en la que impuso 21 años y tres meses de cárcel a un hombre de la zona de Ferrol, Alonso de nombre, por cometer cuatro delitos de abusos sexuales, dos de ellos sobre menores de 13 años, los cuales se desarrollaron «en un ambiente familiar» y bajo el pretexto de «tratamientos con masajes».

Los magistrados subrayan que no cabe duda de que todas las víctimas «consideraron los hechos inaceptables, con independencia de que tardaran en denunciarlos o del motivo conjunto que les lleva a hacerlo, sobre el que no caben especulaciones que pongan en cuestión unos relatos que son perfectamente creíbles, coherentes y cumplen los parámetros orientativos del denominado triple test». Además, el alto tribunal gallego rechaza la invocación del principio in dubio pro reo (en caso de duda, a favor del reo), pues recuerda que solo cabe cuando «resulte vulnerado su aspecto normativo, es decir, en la medida en la que se demuestre que la Audiencia condenó a pesar de su duda, lo que no sucede en el supuesto estudiado».

Los hechos ocurrieron entre el 2010 y el 2015 en el domicilio del procesado. Tres de las víctimas eran sus sobrinas nietas. Una de las denuncias relata que «una de las noches que una de las víctimas pernoctó en la vivienda y después de las 5 horas de la madrugada, el condenado, con ánimo de satisfacer su apetito sexual y aprovechándose de la diferencia de edad y de su relación familiar con la menor, cuando su esposa había salido a trabajar y estaba solo con la niña, se dirigió hasta la habitación ocupada por la víctima y una vez allí, completamente desnudo, se tumbó a su lado en la cama, la tocó y besó por todo el cuerpo incluida la vagina, y le introdujo sus dedos en la vagina».

Otra sobrina nieta, «acudió al domicilio del procesado con motivo de recibir terapias manuales para tratar un problema que sufría en la espalda. En la primera de las sesiones, el encausado le dijo que se quitase la camiseta y el sujetador, no estando ella de acuerdo, pero accediendo finalmente ante el enfado del encausado. En varias sesiones le dijo que se quitase la camiseta y el sujetador, en la penúltima que se desnudara por completo y en la última de las sesiones a las que acudió, le pidió que se quedara desnuda con el pretexto de acceder a distintos puntos del cuerpo y, a lo largo de la sesión, el encausado, con ánimo de satisfacer su apetito sexual le tocó los pechos e introdujo sus dedos en la vagina. Todo ello con la excusa de que era especialista en tratamientos con masajes y aprovechándose de su relación familiar con ella».

Los antecedentes expuestos en la sentencia también relatan que en el 2012, cuando otra sobrina nieta tenía 12 años, esta «acudió al domicilio del procesado con el fin de recibir terapia para su escoliosis. Al empezar la sesión, el encausado le dijo que se quitara la camiseta y el sujetador, lo que la víctima hizo a pesar de no querer, y se tumbó en la camilla. El encausado empezó el masaje, y con ánimo de satisfacer su apetito sexual y aprovechándose de la diferencia de edad y de su relación familiar con la menor, le tocó la zona anal, ella se puso a llorar, le besó la oreja mientras la niña seguía llorando».

La cuarta denuncia fue interpuesta por otra víctima, mayor de edad, que en los años 2014 o 2015, acudió a casa del encausado a recibir una terapia con acupuntura. «En la primera sesión, el encausado le dijo que se quitara toda la ropa, le hizo un masaje por todo el cuerpo, y con ánimo de satisfacer su apetito sexual y con la excusa de que era necesario para el tratamiento le tocó los pechos, la zona anal y el clítoris. Esto se repitió al menos en dos sesiones más, tratando de meterle también el dedo en la vagina sin que ella le dejara».