Arrimar la cesta de la compra

José Picado ESCRIBANÍA DE MAR

FERROL

18 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La política líquida está llena de eslóganes y argumentos que se derriten antes que una chocolatina en una ola de calor. A los socialistas se les pegó eso de arrimar el hombro, destinado a su rival político, a las empresas energéticas, a la banca y a las grandes cadenas de alimentación. Al popular Feijóo le gusta repetir hasta debajo de la ducha que hay que bajar impuestos para, acto seguido, votar no a la reducción del IVA en el tarifazo eléctrico. Los inagotables separatistas están con el España nos roba y nos reprime. Los ultraderechistas de Abascal tienen la muletilla de que nos roban los inmigrantes y los ecologistas y feministas. Y así pasan el día, repitiendo mantras para ganar minutos de micrófonos y notoriedad ante sus huestes.

El eslogan elegido por Podemos y sus satélites, entre ellos los ministros de Izquierda Unida, es el de la imperiosa necesidad de topar las cosas. Topar los precios de los alquileres, topar los beneficios de la banca, topar las hipotecas, topar el gas y, estos días, topar los precios de los alimentos. El tándem Díaz-Garzón embistió con la urgencia de topar los precios de los alimentos básicos para suavizar su arrancada, a medida que se iba metiendo en harina, y dejarlo en «instar a las grandes cadenas que tienen beneficios a que colaboren con propuestas comerciales para que exista una cesta de la compra asequible, variada y saludable hasta después de Navidad». Y es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y la de topar precios incumple lo establecido en el artículo 13 —libertad de precios— de la Ley 7/1996, de 15 de enero, de Ordenación del Comercio Minorista. Allí se establece la posibilidad de que el Gobierno fije precios y en qué supuestos: monopolio o concesión administrativa, regulación de producciones o subvenciones a sectores, en ausencia de competencia o cuando existan disfunciones severas en el mercado, incluido el desabastecimiento. Nada de eso parece darse en este momento. Y sí cabe el riesgo de contravenir las leyes de la Competencia, favorecer un cartel que pacte precios, generar tráfico de compradores hacia grandes superficies en menoscabo de los mercados de abastos y tiendas de barrio y de proximidad, fomentar el uso de marcas blancas (hay que ver qué listillos los comerciales de Carrefour con su lineal preparado) e, incluso, meter en la cesta referencias como el chocolate blanco, pan de hamburguesas y zumos ultraprocesados en lugar de pan, leche, huevos, verduras, legumbres, pescado, carne y aceite de oliva, todas ellas excluidas del lote de precios topados. Dicho esto, ojalá Díaz y Garzón consigan abaratar la cesta de la compra con otras fórmulas, que las hay, sin toparse de frente con las leyes vigentes.