Asfedro pide relevo a la Xunta para seguir con unos programas que atienden a 1.200 adictos

Bea Abelairas
Bea abelairas FERROL / LA VOZ

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Sari Alabau y Gerardo Sabio, presidenta y director de Asfedro
Sari Alabau y Gerardo Sabio, presidenta y director de Asfedro JOSE PARDO

El retraso en la ayuda del Sergas les ha obligado a pedir créditos para no detener una labor que tiene lista de espera en el área

24 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace solo unos días que Asfedro firmó el segundo convenio más alto de Galicia con el Sergas, de casi un millón de euros. Una cantidad importante cuyas partidas ya están asignadas, porque desde el pasado mes de noviembre la entidad vive de créditos y mirando sus cuentas: «El dinero de la Xunta llega con mucho retraso y hemos tenido que pedir financiación a los bancos para poder seguir con los programas y pagar los sueldos de los empleados», cuenta Sari Alabau, la presidenta, sobre un préstamo que rondó los 300.000 euros y sobre el que tendrán que abonar los costes y los intereses. No les quedaba otro remedio que recurrir a esta vía para mantener una estructura de programas, consultas y asistencias que atienden a 1.200 adictos del área y en la que trabajan 30 personas.

«Nuestros trabajadores cobran lo mismo que hace años cuando aceptaron bajarse el sueldo y tenemos en nómina a una psiquiatra y psicólogos, por eso necesitamos que se cree un plan de atención a la drogodependencia en el que Asfedro pase a integrarse dentro de los servicios del Sergas», precisa la presidenta, mientras uno de sus colaboradores recuerda que son «los subcontratados de la Consellería de Sanidade» para prestar un servicio muy necesario. De hecho, dependen de la unidad de salud mental del CHUF y mantienen una estrecha relación, porque gran parte de los adictos desarrollan problemas mentales.

Cada año una treintena de personas del área sanitaria se planta ante sus adicciones y se acerca a su médico o a la entidad para empezar una terapia. «Cuando los tratamientos ambulatorios no funcionan se opta por un ingreso hospitalario o la entrada en el centro comunitario de Confurco, donde el proceso supone seis meses de estancia, que en la pandemia se han reducido a cuatro», explican los terapeutas de una entidad, donde también ven como muchas personas se rinden y vuelven a caer en la dictadura de sus impulsos. «Necesitamos a dos psiquiatras para el trabajo que desarrollamos, pero solo tenemos a una por lo precario que es el puesto que ofrecemos», resume el director de la entidad.