Vecinos y negocios de Caranza critican las reiteradas averías de la conducción de aguas en Telleiras y las Viviendas de Bazán
11 ene 2020 . Actualizado a las 09:28 h.Armados con garrafas de plástico, botellas y cubos los vecinos de la zona afectada intentaban ayer continuar, en lo posible, la rutina tirando de los grifos instalados en plena calle. «¡Para cobrar bien que corren!», espetaba una mujer que acudía al surtidor instalado por Emafesa. La indignación cunde en la zona a fuerza de repetición. Antes del boquete abierto ahora en la Travesía de Bazán hubo muchos otros, el último, hace apenas unos meses. Los reventones se suceden, colmando el vaso de la paciencia de los vecinos y de quienes tienen allí su modo de vida.
En el bar Vía, a unos metros de la zona cero, Manuela Pita prepara en la cocina el único café que puede ofrecer a sus clientes: el elaborado en una cafetera convencional. El de máquina es inviable por la falta de agua. «Aquí se abre a las seis y media, y sin cafés. Y tenemos que andar comprando agua y haciendo el café en la cocina para el que quiera. Y si no, sin café», explica sin ocultar su malestar.
«Es indignante»
Lleva dos años al frente de un negocio con el que «se va tirando, pero con estas averías...». Recuerda que «hace poco ya tuve aquí enfrente cortado, están a cada poco. Y el agua también. Es indignante». Y describe el obvio silogismo que afecta a su negocio: «Si cortan la carretera, los coches no pasan por aquí, y ya hay poco aparcamiento... te deshacen el día», resume. Estima que las pérdidas por una jornada sin agua en el bar puede superar tranquilamente los ciento y pico euros. «Ya no se trabaja mucho, y aún encima...», lamenta. La última vez estuvo la carretera cortada «quince días o más», antes de las fechas navideñas. «Ya estuvimos dos días sin agua y en el recibo no me lo descuentan, ¿eh?», reprocha. Sin embargo, esta vez está dispuesta a reclamar, aunque teme que no sirva de poco.
«Los clientes dicen que no hay derecho, porque además para los cuartos de baño tenemos que ir a buscar el agua allá arriba, al grifo que pusieron. Y habrá gente que ya cierra, como la otra vez», expresaba ayer a media mañana. Manuela decidió, sin embargo, abrir: «Por lo menos, para vender alguna cerveza o algo, tampoco puedes tener el bar cerrado dos días». El servicio quedó restablecido pasadas las tres de la tarde, después de un corte que se prolongó durante unas catorce horas.