Una de hígado

José Varela FAÍSCAS

FERROL

24 mar 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Dispositivo de hilos de alambre retorcido, con un nudo corredizo que, asegurado en el suelo con una estaquilla, sirve para coger conejos»: séptima acepción del Diccionario de la Real Academia Española, actualización 2018, para la entrada «lazo». Nosotros, animales políticos, no somos conejos. La prueba más evidente es que los conejos se resisten a quedar apresados por el lazo, aunque sea amarillo. Al parecer, Talleyrand observó que no puede haber buena política sin buena cocina, o eso acredita Julio Camba en La casa de Lúculo (o el arte de comer), de donde tomo la cita. Cuando se desciende a los menudillos de la política, al despiece menor, a la casquería de los asuntos públicos, aparece de todo. Pero incluso de los despojos pueden alzarse monumentos, cuando menos, gastronómicos, como avisos para desertar del adocenado gregarismo papanatas en el que nos mecemos en vísperas electorales. Qué mejor que un hígado encebollado para desatascar esófagos atorados por tanta rueda de molino que nos sirven los partidos. El chef Carlos Souto, que también es profesor de Cocina en el IES Fraga do Eume, acaricia este plato con una versión muy personal, que a veces ofrece en el menú del día del restaurante 3pés en O Val. (Un menú de creativa y generosa variedad e increíble relación calidad/precio). En él los jugos de la carne se funden con la emulsión de la cebolla pochada, y las partículas que desprende el propio hígado espesan una salsa impulsada por un chorro de vino tinto. El perfume, traspasado por notas de pimienta negra y clavo, es irresistible. Qué razón tenía el doctor Jaime Quintanilla: la generosidad del hígado trasciende su funcionalidad visceral.