Los deberes


Una cantada de De Gea esta tarde en Moscú puede, podría si fuese el caso, desbaratar un trabajo brillante de todas las líneas de la selección española. Bueno, una cantada de De Gea o una carga de lucha grecorromana con doble Nelson incluida, con la firma de Ramos, sobre un delantero rival, y que llevase aparejada la expulsión del de Camas. En fin, que el resultado del partido es cosa de que cada uno cumpla el plan diseñado por Hierro, si fuese el caso. Dicho de otra manera: que todos los jugadores hiciesen lo que acostumbran a hacer nuestros paisanos Vázquez y Aspas. Toma chauvinismo +gol. Esta apelación al trabajo en equipo viene a cuento del resultado del concurso internacional abierto por Australia para la modernización de su Armada, un contrato que sería una bendición para Navantia. Porque, por lo que refieren los medios especializados, la empresa española hizo los deberes: un buen proyecto de fragatas, ajustado a las necesidades del cliente y a un precio competitivo. Probablemente, un trabajo similar a sus competidores italianos y británicos. Pero en una puja de esta naturaleza, en la partida no están solos comprador y vendedor -ah, si así fuese, bastaría con la calidad y el precio, plazos de entrega, mantenimiento, etcétera-. Entran en juego otros factores que corresponden a otro actor, el Gobierno, por no decir el Estado: qué pone encima de la mesa para que su -además, en este caso, es, exactamente, su- empresa se lleve el contrato. Y ahí nos cagamos ante los británicos. El Gobierno, nuestro Gobierno, no hizo los deberes. No es la primera vez que nos deja con el culo al aire. Sí, Sánchez llegó después; pero yo no me haría demasiadas ilusiones.

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