La política perdió su vocación de transformar la realidad. Hace tiempo ya que se limita a explicarla -edulcorada o ácida, según-. No seré yo quien diga si es bastante o insuficiente. Lo cierto es que asistimos a una interminable sucesión de anuncios como sucedáneo, y más cierto aún es que esta maniobra tiene un portentoso efecto placebo, o narcótico. Así, si centenares de afectados por el impago y los retrasos reiterados de las ayudas a la infancia a las que tienen derecho reconocido expresan su irritada demanda de respeto, la respuesta de la Xunta no es otra que adelantar que en el futuro ese socorro económico será no solo más generoso, sino que beneficiará a millares de familias más. Si de lo que se trata ahora es de las quejas por la tardanza en pasar por el quirófano de la sanidad pública; tranquilos, aquí no ha pasado nada: ya está en estudio una proposición de ley para que la cirugía del Sergas sea ágil como una ardilla ¿De la quema de montes, me habla? (Por cierto, quien sabe, a lo mejor resulta que sí existe una trama delictiva: anda la fiscalía indagando sobre altos cargos de la Dirección Xeral de Ordenación Forestal por su contrato con la empresa de helicópteros antiincendios, y estas pesquisas las carga el diablo). Hecho. El equipo de Feijoo -a él lo vamos a pillar desprevenido, vamos; era boa esta- tiene en cartera nada menos que una batería de medidas que... En fin, política 4.0 en estado puro. Esta fuga permanente de la realidad, esta huida de trapacería tahúr, me recuerda, qué quieren, a las estafas piramidales: ambas necesitan crecer para sobrevivir. Siempre, también ambas, sobre una densa -mesta, diría la Xunta- base de incautos.