Nos gastamos una pasta gansa en laboratorios y centros de investigación, en formar a profesionales que, con el tiempo, logran el reconocimiento de la comunidad científica internacional, celebramos las aportaciones de tesis novedosas y superespecializadas, y, al final, llega el político de turno tocado por el Espíritu Santo y se pasa por el forro ese caudal de conocimiento sostenido por el erario y decide lo que le peta. Con dos pelotas. Con el dinero de todos. El medio ambiente, si bien no es el único -he ahí las infraestructuras, la enseñanza, en fin-, es uno de los ámbitos más propicios para las ocurrencias de los lumbreras de guardia. Ahora que falta poco para finalizar la temporada de pesca fluvial no estaría de más recordar el abultado presupuesto destinado a repoblar de salmones el río Sor; una acción que contó desde el inicio con las advertencias de quienes tienen autoridad científica en la materia, y la simple cautela que nace del sentido común: si un río tuvo salmones y dejó de tenerlos, parece de idiotas pretender reintroducir el pez si previamente no se remueven las causas que llevaron a su desaparición. Quizá crean que eso lo entiende cualquiera, y tal vez sea así a condición de no incluir en ese cualquiera a quienes gestionan la pesca fluvial en la Xunta. Sería una debilidad sucumbir a la tentación de desplazar la adjudicación del proyecto -rebuscando entre los nombres de los beneficiados, sin ir más lejos- a esa zona de sospecha que florece a la sombra de la corrupción. Lo cierto es que a estas alturas, no se tienen noticias de pescadores que hayan capturado crías de salmón. Pero ese pequeño detalle no detendrá a los burócratas.