Aladino Vázquez fue desahuciado de un piso ocupado ilegalmente en Recimil junto a su mujer y su bebé
07 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Aladino, con dos meses recién cumplidos, se quedó sin casa en Navidad. «Me los echaron en Nochebuena, como a Jesús, María y José», lamenta su abuelo, también Aladino de nombre. Como su hijo, que junto a su mujer ocuparon ilegalmente un piso en la calle Ortigueira, en Recimil, hace dos años y medio. Contaban con el apoyo de los vecinos, que incluso firmaron un escrito que enviaron al Ayuntamiento acreditando que la casa estaba vacía y «conformes de que me metiera yo. Sabían que somos buena gente y antes de que se metieran otros nos dijeron: ?Métete tú?», explica Diego Aladino Vázquez Brea.
«Lo único que hicimos -apunta su mujer, Belén Vázquez Jiménez- fue cambiar la cerradura para entrar y salir». Pero la sentencia recoge que hicieron «un poquito de fuerza» al entrar en la casa, lo que suponía la posibilidad de llevarlo a la cárcel si incumplía la orden de desahucio. La sentencia se emitió el 10 de diciembre. Y recogía que en quince días tenía que abandonar la vivienda. Por eso, la víspera del 25 cogieron los bártulos y se fueron. «Verme en la calle con mi niño es lo peor que me puede haber pasado en la vida», reconoce Belén, de 19 años.
No les quedó más remedio que instalarse en una pequeña habitación en casa de sus suegros, en Caranza. Reprochan al gobierno local que no los haya recibido para atender su caso. «Estamos súper decepcionados, porque nos dijeron que no nos preocupáramos de nada y al final no hubo nada que hacer», señaló el joven. Apuntan directamente al alcalde, Jorge Suárez, y a la teniente de alcalde, Beatriz Sestayo, que aseguran que «ni nos recibió, sabiendo que era un desahucio había un niño por medio». «Estuvimos en la campaña con ellos apoyándolos y consiguiéndoles votos», recuerda el joven. «Les damos el voto y nos dejan tirados como perros», reprochó su madre, Isabel Brea. Ahora reclaman una vivienda de emergencia «que las hay» para la pareja y su niño. «No pedimos que nos la regalen, estamos dispuestos a pagar cuarenta o sesenta euros», señala. «Lo peor que te puede suceder en la vida es la muerte y un desahucio», sentencia Aladino Vázquez.