Nunca he usado el Whatsapp y eso no supone ningún obstáculo para mi vida social, asegura Sergio Vila. Si con esta sencilla afirmación este ferrolano de veintiún años causa sorpresa, el estupor va en aumento cuando admite pagar por una tarifa de datos que todavía no ha configurado en su móvil.
«Tengo dos motivos principales por los que no empleo Whatsapp. Por un lado, no me agrada el estado de angustia que experimentan muchos de mis amigos ante la separación del móvil y, por otra parte, tampoco me gusta el control que ejerce la llamada última conexión y la consecuente obligación de contestar al momento para evitar la rabia de quién te habla», explica el joven.
En cuanto a los datos, los contrató porque su operadora cobraba lo mismo que por no tenerlos aunque, por el momento, no le interesan.
No obstante, Sergio no se posiciona en contra de este tipo de servicios sino que, al contrario, reconoce la utilidad que poseen y es consciente de que en algún momento terminará por usarlo.