El autor del último libro sobre la construcción del ferrocarril Betanzos-Ferrol, obra que cumple un siglo, nos recuerda que el proyecto fue ejecutado por el Estado porque las compañías ferroviarias rechazaban hacerlo. Entonces todos los trenes eran privados en España y el departamento marítimo precisaba este medio indispensable para las comunicaciones terrestres de la base naval. Un siglo después la realidad vuelve a darle la razón a Manuel del Río, autor del libro: el sector privado no ha sido capaz de sacar a la ría de Ferrol de la profunda crisis que sufre, lo mismo que ocurrió tras la reconversión de los 80 del pasado siglo. Se establecieron importantes incentivos como cebo de bomba para el asentamiento de nuevas empresas que paliasen el vacío que dejaba el duro el ajuste de Astano. Los sucesivos planes (la célebre Zona de Urgente Reindustrialización, luego ZID y otros más tarde) no consiguieron quebrar el monocultivo industrial del sector naval. Por eso hoy la situación no ha cambiado y Navantia continúa siendo la columna vertebral de la economía de Ferrolterra. Es una empresa pública, cuyo empresario es el Estado, de manera que es responsabilidad del ministro del ramo y su par de Galicia explicar por qué no se ha esforzado en la búsqueda de nuevos contratos. Apuntarse los logros cuando se consigue una pizca de carga de trabajo como la de Pemex y mirar para otro lado cuando se le piden cuentas no engaña a nadie. Miren el ejemplo de la historia del tren.