Duele Meirás

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón LA GÁRGOLA

FERROL

Duele Meirás. Mucho. Lastima escuchar por las mañanas el ruido de los helicópteros rastreando. Hace daño ver los esfuerzos de los participantes en el dispositivo de búsqueda que asientan su base de operaciones en A Frouxeira.

Duele Meirás porque la tragedia que allí se gestó la maldita tarde del lunes no tendría que haber sucedido. Esa ola negra y monstruosa, ese latigazo del mar, no debía haberse cobrado ninguna víctima. Pero no fue así.

Duele Meirás y duelen las familias destrozadas. Los rostros de la desesperación. Las caras de los que esperan recuperar a los que les arrebató la tormenta. Duele Meirás por muchísimos motivos.

Ahora se avivan los comentarios sobre la necesidad de ser prudentes con la tempestad. Ahora se recuerda que hay que seguir las recomendaciones oficiales. Ahora todo el mundo coincide en que no se puede jugar con el mar. Con ese mar que es vida y riqueza pero que, en ocasiones, muestra su cara más voraz y salvaje.

Ojalá toda esa cautela que el nefasto suceso ha esparcido en la conciencia colectiva sirva para algo. Ojalá en la próxima alerta roja no haya que lamentar ninguna víctima en ninguna parte.

Todo pasa por el principio básico de respetar el mar. De no tentar la suerte. De dejar la curiosidad o el intento de una bonita fotografía para otro momento. Hay muchos a lo largo del año. En todas las épocas.

Duele Meirás, en definitiva, porque esa monstruosa ola negra no tenía que haber engullido a nadie.