Ferrol, como cualquier otra ciudad, es la suma de muchas cosas. De su actividad económica, cultural, social... De su patrimonio, de sus posibilidades, de su ciudadanía. Todo un conjunto de factores que van tejiendo la realidad.
Una de esas grandes señas de identidad de Ferrol, conviene recordarlo, es que es un puerto. La actividad marítima y todas sus derivadas fueron su germen, su historia reciente y su futuro. Y los puertos, desde hace siglos, son hervideros comerciales, de entrada y salida de mercancías. Focos de negocio. De vida.
Los gestores de los muelles locales, la Xunta y el Gobierno central tienen en su mano hacer que la relevancia del sector marítimo en esta zona tan castigada logre en los próximos años un salto cuantitativo y cualitativo.
Del desarrollo del proyecto y obra del ferrocarril a Caneliñas y de la puesta en servicio y conveniente expansión de la terminal de contenedores dependen muchas cosas. Nada sucede de un día para otro. Pero también es cierto que nada es imposible. Solo hay que fijarse en Algeciras. El modo en el que dejó de ser un desierto industrial para convertirse en el principal puerto de España por volumen de tráficos.
Toca, en definitiva, apoyar de forma decidida el crecimiento portuario y hacer notar su creciente abanico de actividad y generación de puestos de trabajo.
Ese desarrollo, ese beneficio para Ferrol, es posible con voluntad política y gestión. No aplicar ambos factores sería cicatero. Mucho.