No hay semana, qué digo semana, casi día, que termine sin un sobresalto a nivel empresarial. El vendaval de esta crisis sin fin se ha llevado por delante decenas de comercios y pequeñas empresas y algunas medianas de peso en la comarca. Pero ahora, con un sector naval noqueado y asistiendo a diario al hundimiento de firmas auxiliares, se tambalean los cimientos de las pocas compañías de referencia no solo para la economía de Ferrolterra, sino para la gallega.
La semana pasada era la eólica Gamesa la que anunciaba el despido de 80 operarios, reduciendo por primera vez su plantilla directa desde que se implantó en As Somozas hace tres lustros. Pero los negros nubarrones se ciernen ahora sobre otras grandes empresas, como Endesa, que tiene que decidir antes de que acabe el año si acomete inversiones millonarias para garantizar su continuidad en As Pontes o fija su sentencia de muerte para dentro de siete años.
La última compañía con amenaza de cierre es la siderúrgica Megasa. Afirma que como consecuencia de la aprobación, por parte del Gobierno central, de una nueva tarifa eléctrica para grandes consumidores, se ha quedado expulsado del mercado al haber obtenido su principal competidor ventajas económicas con la nueva regulación.
El paro ha bajado en mayo por el espejismo de la campaña de verano. Pero sigue habiendo casi 21.000 desempleados. Estamos en situación de emergencia. No me cabe ninguna duda.