ace meses, haciendo referencia a la necesidad de priorizar al inicio de este mandato, marcado por la crisis, escribía sobre la necesidad de optimizar lo que ya tenemos.
Junto a la necesidad de poner al día esa ruina en que se está convirtiendo el pabellón de A Malata, de licitar de una vez el césped artificial de Aneiros (con financiación desde hace muchos meses) o de mejorar los pabellones de los colegios, dejaba para más adelante el tema del Complejo Javier Gómez Noya de Caranza.
La transformación a césped artificial de los campos de fútbol, junto a la mejora de sus vestuarios, ha supuesto un salto de calidad muy importante, pero queda el tema de la piscina, a la que el paso del tiempo ha dejado necesitada de una remodelación y ampliación, de manera que cubra otras necesidades al margen de la natación.
Si hace 20 años las necesidades las cubría la lámina de agua, hoy la demanda es mucho más amplia. El ejemplo lo tenemos en la otra instalación municipal de A Malata, con lista de espera, pero que complementa la lámina de agua con zonas cardiovascular y spa, con otros servicios como fisioterapia, masaje, cursos... Una transformación que es compatible con el uso deportivo de los clubes.
Fue la demanda de los usuarios la que llevó a convertir aquellas primitivas piscinas en centros deportivos. El de Caranza se podría potenciar aún más con pistas de pádel. La demanda ya existe sin salir del barrio.
H