«Todas las murallas cierran»

Ramón Loureiro Calvo
ramón loureiro FERROL / LA VOZ

FERROL

Testigo privilegiado de la historia, ayer regresó al Ferrol de su infancia

23 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Podría parecer que Raúl Morodo (Ferrol, 1935) no regresa a su ciudad natal con frecuencia. Pero nada está más lejos de ser cierto. «¡No, no, si vengo muchas veces...!», desvela este testigo privilegiado de la historia, quizás una de la más lúcidas figuras de la vida pública española de la segunda mitad del siglo XX. En Ferrol residen todavía varios familiares suyos, y ahora, alejado de la vida pública, vuelve a verlos siempre que puede. Ayer, en el Tirso de Molina, el colegio de su infancia, pronunció una conferencia. Horas antes había visitado Cedeira.

-La pregunta es un poco de andar por casa, pero aun así vamos a hacerla: cuando regresa al Ferrol de su infancia, ¿qué recuerdos vienen a su mente?

-Pues recuerdo que en aquel Ferrol, en el que yo viví hasta los 17 años, la edad en la que marché a estudiar fuera, vivíamos una posguerra alargada. Era una ciudad muy estamentalizada, de compartimentos estancos, en la que la cultura permanecía en estado de hibernación. Era un Ferrol que estaba marcado por una muralla; y todas las murallas cierran.

-Y le agrada, claro, que el muro del Arsenal haya ido desapareciendo, al menos en parte.

-¡Sí, sí..! Este Ferrol ya no es el de aquel tiempo. Pero guardo buenos recuerdos: de la vida en la calle, por ejemplo; de algunos personajes singulares, como uno que tenía una librería de viejo en la calle Magdalena, donde se podían adquirir libros no voy a decir que prohibidos, aunque sí de una cierta heterodoxia. Y también del colegio, donde vivíamos [sonríe] en una especie de limbo.

-Carlos Casares, que lo consideraba uno de sus mejores amigos, hablaba mucho de su etapa como embajador en Lisboa; decía que usted había convertido la embajada española en un faro para Europa entera.

-Bueno, tenga en cuenta que yo ya conocía muy bien Lisboa desde mucho antes. Había ido con gran frecuencia allí a ver a Don Juan (de Borbón), y además soy muy amigo de Mario Soares, hasta el extremo [ríe Morodo] de que cuando a mí me nombraron embajador en Lisboa, él hizo algo absolutamente inusual en un presidente de la república: fue a buscarme al aeropuerto. Y después nos marchamos a cenar juntos.

-¿Y qué opinión le merecen estos tiempos que nos ha tocado vivir ahora?

-Son tiempos de turbulencias. Movimientos como el de los indignados reflejan la frustración que existe. Y hay cambios que son necesarios. Por eso es tan importante revisar nuestra conciencia cívica.

raúl morodo LETRADO, DIPLOMÁTICO Y Figura fundamental de la transición española