Deporte y tercera edad

Carlos Bremón

FERROL

l deporte y la tercera edad son un tema sobradamente tratado. Pero la realidad no es optimista. Seguimos siendo perezosos, en cualquier etapa, para hacer deporte.

En mayo lamentábamos el fallecimiento de un brillante economista, Luís Angel Rojo, a los 77 años. En diversas fotos se reflejaba su aspecto de hombre cansado, sin duda debido a la exigente profesión que desempeñó.

Y hace unos días, como contraste, leo una entrevista en la última página de La Voz a Ramón Blanco, nacido en Ourol y residente en Venezuela. Con 78 años acaba de competir en una carrera de montaña, en la que recorrió 43 kilómetros en algo más de seis horas y media. Asombroso.

Enamorado de la alta montaña, entre 1993 y 1998 fue el montañero de más edad en coronar el Everest. Subió otros ochomiles. Pero ha tenido que renunciar a esta actividad por su elevado coste económico, y sus aficiones ahora derivan a este tipo de retos, largas travesías por la montaña.

El cuerpo humano es una máquina maravillosa. Si lo tratamos bien, nos dará una vida fecunda y llena de actividades interesantes. Pero no hay que olvidar que, como a toda máquina, la inactividad oxida al organismo humano, lo envejece. Y esto sucede en la tercera edad. Qué lamentable es la estampa de un anciano achacoso, apoyado en un bastón, caminando con inevitable lentitud, cuando a esa misma edad ancianos como Ramón Blanco están saltando de roca en roca.

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