Armadores y marineros de Ribeira temen que los recortes de la bacaladilla les deje sin trabajo y también sin perspectivas de futuro
25 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Non está a cousa para bromas». Así se expresaba esta semana un armador de Ribeira a pie de barco tras una dura jornada de trabajo. Y es que el recorte previsto por la UE este año para la bacaladilla puede dejar muy tocado al sector pesquero de la capital barbanzana. Más de cuatrocientos empleos directos y unos tres mil indirectos están en juego. Por eso, pasear por el muelle de la ciudad es ver rostros preocupados ante un futuro incierto y que puede dejar en la calle a numerosas personas.
Muchas familias dependen de los ingresos procedentes de una especie en la que, precisamente, Ribeira fue pionera tanto en su captura como en su comercialización. Ahora, todo se puede venir abajo por una decisión que tanto armadores como marineros consideran injusta y desproporcionada. La mayoría afirman que esta situación les dejará muy tocados y con el agua al cuello, pues una buena parte de sus capturas son de lirio y también de pescadilla.
María del Carmen Pena es la armadora del arrastrero Coral y junto a su esposo, Manuel Alves, patrón del barco, llevan las riendas de este negocio familiar que con tanto sacrificio intentan sacar adelante. Ella afirma que, tal y como está la situación, se verán obligados a amarrar, pues su actividad será insostenible. Comenta, incluso, que no descartan el desguace.
El futuro no es nada halagüeño. María del Carmen afirma que tanto ella como su familia llevan toda la vida trabajando y viviendo del mar. La empresa da trabajo a diez personas, de las cuales cinco son familiares.
Si se lleva a cabo la reducción impuesta por la UE, la empresaria lo tiene claro: «Os barcos van podrecer no porto». Los recortes, además de dejarlos sin trabajo, traerán otras consecuencias importantes, pues muchos se quedarán sin sus propiedades. La mujer dice que tienen hipotecas y créditos avalados con ellas, por lo que, tras muchos años de duro trabajo, pueden perderlas, y, con ellas, buena parte de sus ilusiones.