Desde el punto de vista geográfico, Narón es Ferrol, y Ferrol es Narón. Atendiendo a criterios demográficos, morfológicos y funcionales, constituyen la misma unidad territorial y sociológica. El territorio y la vida cotidiana se imponen a las divisiones administrativas. Decir que Ferrol se halla estancado demográficamente y que Narón muestra un fuerte dinamismo poblacional es fijarse en el simple análisis cuantitativo municipal. Sin embargo, la realidad es cualitativa. Diferenciar población de hecho y de derecho es limitarse a cuestiones de empadronamiento. Hay que tener en cuenta a la población flotante y, sobre todo, a la población transeúnte, la que se desplaza cada día de su lugar de residencia en el hinterland a la ciudad principal, o viceversa, por motivos de trabajo, ocio, compras y servicios; son los commutters de las metrópolis anglosajonas. El INE ya maneja el concepto de «población vinculada». Se puede destacar que Ferrol ha perdido unos cientos de habitantes entre los dos últimos censos y que Narón ha ganado unos cientos. Se pueden citar los 75.000 de Ferrol y los 40.000 de Narón. ¿Por qué no citar los 115.000 de ese continuum urbano? La Carretera de Castilla no separa, une. Es más, funcionalmente, Fene, Neda, Mugardos y Ares también son Ferrol. Dicha unidad funcional rondaría los 150.000 habitantes. Con la democratización del automóvil y las nuevas preferencias residenciales, la clase trabajadora se hizo protagonista de los movimientos pendulares, a la vez que la clase media accedió a la segunda residencia. Las periferias urbanas se hicieron morfológicamente más complejas y socialmente más caleidoscópicas. La ciudad central, que había nacido para minimizar los costes de transporte y favorecer las relaciones mercantiles, hubo de competir con los procesos de difusión residencial y deslocalización productiva, notando el territorio una ocupación acelerada, compleja y no bien planificada, a caballo entre la descentralización concentrada y la diseminación múltiple. Asumir el postulado de Schumacher de que «lo pequeño es hermoso» no implica asumir que el tamaño demográfico no importa. Un umbral mínimo de población es imprescindible para la generación de desarrollo endógeno y de economías de escala. Pero, fragmentar datos y unidades territoriales es un error. Ferrol y su área de influencia superan los 200.000 habitantes. En tiempos de globalización, es un umbral para ser tenido en cuenta por empresarios y políticos.