El campo de concentración cedeirés

Francisco Varela FERROL/LA VOZ.

FERROL

El presidente de Asturias inaugura hoy un monumento en memoria de 724 recluidos en 1937 en Cedeira, la mayoría asturianos, parte de ellos asesinados en Vilarrube

30 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La memoria colectiva de Cedeira guarda la historia de un campo de concentración que durante la Guerra Civil montaron los alzados en la zona. Era 1937 cuando la caída del frente de Asturias en manos de los franquistas, por eso muchos de los reclusos eran republicanos asturianos, enviados a la retaguardia como prisioneros. La escritora Pilar Cebreiro, en su bello relato El cinturón traído de Cuba , recoge estos retazos del recuerdo colectivo al hacer mención a los asesinatos de presos en la playa de Vilarrube. Según el historiador Enrique Barrera Beitia, que ha buscado el sustento documental, el campo llegó a tener 724 presos, en pésimas condiciones de higiene, motivo por el cual en 1938, ya ajusticiados parte de ellos, el recinto fue cerrado y los reclusos trasladados a otros centros.

El historiador indica que el campo se encontraba en una antigua fábrica de salazones perteneciente al líder falangista cedeirés Manuel Soto, situada en lo que hoy ocupa el paseo marítimo y donde se ha construido el monumento que hoy se inaugura. Estaba vigilado en el exterior por soldados y en el interior por milicianos falangistas. Algunas noches se escuchaban disparos contra los presos, que se fugaban hacia la playa de San Isidro.

Los primeros asturianos llegaron en el Monte Junquera , un pequeño buque de poco más de mil toneladas. Parte de ellos fueron obligados a construir parte de una carretera del pueblo, la memoria los recuerda cantando. Este tipo de campos -en toda España llegó a haber 72- se utilizaban para la clasificación de los presos de la categoría A a la D. Los de la C, para los jefes y oficiales y activistas republicanos, evidentemente eran los que más peligro corrían. Los había desde menos de 16 hasta los 50 años. Barrera consiguió buena parte de los nombres a través de los padrones municipales de Cedeira, porque la mayoría fueron registrados como transeúntes. Sabemos así también sus profesiones, muchos de ellos marineros, mineros, metalúrgicos y otros trabajos manuales, pero también empleados de cuello blando e, incluso, un periodista.

Parte de los C fueron quienes acabaron asesinados en Vilarrube. Sin embargo, el historiador ha explicado que Memoria Histórica Democrática ha tratado de localizar la fosa común en que fueron enterrados, sin conseguirlo, a pesar de que se utilizó un georradar. No obstante, por medio de fotos aéreas de 1956 y 2001 se observan movimientos de tierras. Por eso se cree estar cerca de la tumba, aunque no existe certeza absoluta. El historiador halló en el archivo del Partido Comunista de España (PCE) un informe de un grupo guerrillero antifranquista de 1948 que da cuenta del ajusticiamiento de un tal Cheda, en Cedeira, al que ajusticiaron por ser uno de los falangistas participante en los crímenes. Los guerrilleros informaron al cura de los motivos para que informase a las autoridades y no se tomasen represalias contra vecino alguno.

En el 2005, los historiadores consiguieron testimonios orales de ancianos que confirman al menos dos ejecuciones de presos en la playa de Vilarrube.

El campo de concentración aunque el grupo más numeroso era el formado por asturianos, también albergó a reclusos de otras procedencias, como un tal Julián Lucas Guandalán, madrileño; Aquilino Martínez González, de Riolo (Lugo); Wenceslao Lista Alfavián, de Ponteceso; Juan Lago Santiago, de Muros; y el marinero mugardés Antonio Rey Bouza.