Silencio

José Varela

FERROL

17 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando el enemigo se equivoca, no conviene interrumpirlo. Tal vez sea esa la divisa de la derecha ante el desnortado nomadeo de los socialistas por los páramos infértiles de la inteligencia. Probablemente ahí anide su hermetismo, su pertinaz silencio, su impasible ademán dontancredista. Bajo siete llaves permanece emboscado el programa de los conservadores esperando su oportunidad: el desguace no ha terminado; no sea que al airear una medida para intentar salir del avispero, solo una, se distraiga el enemigo y, al cabo, enderece el rumbo (la derrota, decimos en puertos de mar, ya ven). Mejor así, con el tibio regocijo íntimo del desastre: qué suerte tenemos, todo va tan mal que a duras penas disimulamos el alborozo. ¿Para qué intervenir si la gloria está a la vuelta de año y medio como mucho? Sin riesgo, sin bajas. Ya se desgañitan algunos tertulianos analfabetos funcionales pontificando sobre macroeconomía, balance comercial y reforma laboral comparada, o sobre filosofía del derecho o constitucionalismo. Qué laboriosos, qué abnegados, mañana y tarde en la brega antizapatero y, sobre todo, qué exactitud en el seguimiento literal del argumentario oficial: ni una idea propia, qué tíos. Serán premiados, que bien se han ganado su sitio en la tierra de promisión popular.

Circula por el éter una ciencia infusa impulsada por Belén Esteban o así, y la brisa la lleva hacia la derechona, de modo que les ahorra a los que dicen ser el partido de los trabajadores el esfuerzo de explicarse. Por virtud de esa ciencia infusa todos sabemos, por ejemplo, que si gobernase Rajoy el tren al puerto exterior de Ferrol ya estaría, traca-traca, traca-traca, trasegando contenedores. Quién duda de que el registrador de la propiedad apretaría los machos a los bancos, quién que Mariano iba a pasar por alto un desplante de Marruecos o de Hugo Chávez. Por favor, si hasta la carretera a Cedeira estaría en condiciones: bastaría un telefonazo a Feijoo, ¿no creen?