El padre puso en marcha hace medio siglo la empresa Licores Rivas; su hijo Rubén la dirige hoy, a punto de sacar tres nuevas bebidas al mercado
08 feb 2010 . Actualizado a las 12:45 h.Hace más de medio siglo, Antonio Rivas se decidió a aprovechar la experiencia que había adquirido como comercial de una fábrica de licores para montar su propia empresa. Comenzó con un pequeño almacén en Santa Mariña, en donde empezó a experimentar con algunos licores y también a producir un resfresco de limón que tuvo un éxito especial. «Cuando empecé, un delineante de la Bazán ganaba 900 pesetas al mes y yo llegué a ganar 15.000 con el refresco de limón», afirma.
De aquella época recuerda Antonio que él mismo se ocupaba también del transporte de las bebidas a los clientes. «Las llevaba con una bicicleta que tenía un carrito detrás», evoca. Llegaba hasta Valdoviño y Mugardos, a golpe de pedaleo, con las garrafas de licores. «Entonces se vendía mucho el de guindas, el aguardiante y también los vinos dulces», explica.
En 1972, cuando su hijo Rubén contaba con dos años de edad, la empresa se trasladó a San Xoán, al mismo emplazamiento en el que aún hoy funciona, empujado por la necesidad de ampliar el negocio. La gran cartera de productos fue creciendo con un gran número de bebidas, entre ellas algunas que hoy ya no se comercializan, como el de moka, curaçao y jarabe de cacao.
El relevo
Rubén, que se crió correteando en el negocio familiar, no había pensado seguir la estela de su padre, pero a los 18 años decidió colgar los estudios, por lo que se vio obligado a arrimar el hombro y trabajar en la licorería. «Comence vendiendo en la calle, aunque después ya me fui metiendo y empezando a hacer licores», recuerda. Así fue como le fue entrando el gusanillo por un oficio al que hoy en día le concede plena dedicación.
En estos momentos, la empresa pone en el mercado 30 tipos diferentes de licores, que no solo se comercializan en Galicia, sino en muchos puntos del país, como Madrid, Barcelona, Valencia y el País Vasco.
«Ahora me paso todo el día investigando cosas nuevas e intentando perfeccionar lo que ya tenemos», explica. Tan metido está en el proceso que está a punto de sacar tres nuevos licores al mercado: de cilantro «con sorpresa», de uva de albariño y de caramelo. «Hasta vendimié yo las uvas, las escogí y las preparé», comenta.
Además de la salida a la venta de estos productos, Licores Rivas está acometiendo obras de reforma para poner en marcha un punto de venta y una zona de exposición.
Pese a los años transcurridos desde que Antonio fundó la firma y los tiempos actuales, bajo la dirección de Rubén, el palo de esta historia considera que la producción de licor «en esencia, sigue siendo igual». «Sí, pero ahora es más complicada la elaboración, porque hay muchos más controles», añade.
Pese al tiempo transcurrido, algunos clásicos se mantienen con éxito, como los licores de hierbas y la crema de orujo, que siguen siendo los más vendidos. No obstante, también ha habido lugar para la innovación, no solo en cuanto a las bebidas, sino también al formato, como ha sucedido cuando convirtió sus licores en pequeños obsequios para los invitados de una boda. «Yo se lo hice por primera vez de sorpresa a un amigo que se casaba y a los invitados les gustó el regalo. Ahora hacemos unas 400 o 500 bodas al año», explica.
«Todos los días un chupito»
Antonio asegura que aún hoy en día, ya cumplidos los 85, sigue tomando «un chupito de hierbas» todas las mañanas. Su hijo, en cambio, afirma que toma los licores mayoritariamente por trabajo, cuando toca experimentar.