El Pontedeume de María Fidalgo

R. Loureiro / F. Varela redac.ferrol@lavoz.es

FERROL

Celebra estos días Pontedeume , como ustedes bien saben, las Festas das Peras . Esas en las que los mómaros y los cabezudos cobran vida por las calles por las que un día caminaron el arzobispo Rajoy , benefactor de la villa por excelencia. Y el primero de los condes de Andrade , Don Fernando, general de los Reyes Católicos , gran vencedor en las campañas de Italia. Siempre hay allí, en Pontedeume, algo que conmueve; una especie de magia, que va de los fotos de Tito Ríos a las notas del casi infinito número de músicos que las orillas del Eume , tan dadas a cerezos, han dado, desde hace siglos, regularmente. Y de esos prodigios hablaba ayer, en el pregón de las fiestas, la historiadora María Fidalgo ; este año su pregonera. Una pregonera que en sus palabras tuvo muy presente, cómo no, al pintor Abelardo Miguel , cuya obra y cuyo legado reivindica desde hace años con un entusiasmo inmenso. Recordó también, María, a la imprenta López Torre . Al taller de una saga de impresores que fueron también editores, además de libreros, y en cuyas prensas vieron la luz las mejores páginas de Couceiro Freijomil . Y tuvo, por último, un recuerdo especialmente emotivo para Ramiro Fonte . Para él, y para toda la emoción de sus versos.

Hay lugares cuyo nombre vale por una novela entera. O por cien novelas. Como Nosa Señora da Pena de Francia , en el término municipal de As Pontes , en cuya ermita acaba de celebrarse la romería de la Virgen. A unos kilómetros de donde, estos mismos días, se le ha rezado a San Cristovo do Vilar , también. Récord de un horticultor. La cosecha de tomates ofrece algunos resultados espectaculares. José Rodríguez Hermida , que cultiva un huerto familiar en Esmelle , en el lugar de Bouzas do Mar , Castiñeira , ha recogido en su invernadero un ejemplar de cerca de kilo y medio. Exactamente dio en la báscula 1.320 kilos. Dani , un niño madrileño que pasa unos días con sus tíos en una casa próxima al horticultor, no salía de su asombro. Tendrá mucho que contar a sus amigos del colegio. Hermida ha explicado que no es la primera vez que saca un buen ejemplar, si bien nunca había pasado del kilo. Por eso ahora lo que hará, cuando la familia se lo coma, es quedarse con parte de las semillas. Una vez secas se guardan para el semillero del año próximo y a ver si se repite.