Cristina Seoane es una de las caras amables que recibe al visitante que aterriza en A Magdalena; situar, guiar y desvelar lo mejor de la ciudad es su misión
27 ago 2009 . Actualizado a las 12:57 h.Resulta complicado imaginar un verano sin sol, sin playa o sin viajes. O sin vacaciones, pero para que unos disfruten, otros tienen que pasar a la sombra estos meses. No hay destino que se precie que no tenga oficina de turismo. Ferrol tiene en ellas su mejor embajada, el lugar donde se vende la cara más amable de una ciudad repleta de atractivos. Y siempre, con la mejor cara.
Desde la oficina municipal que recibe a los visitantes en pleno barrio de A Magdalena lo demuestra Cristina Seoane Leal (Ferrol, 1982), una joven que ha encontrado en este trabajo una forma de canalizar su pasión por los viajes y el turismo. Después de cursar el ciclo superior de Información y Comercialización Turística en el IES Sofía Casanova, se preparó para ser azafata de vuelo, ejerció como tal y el año pasado aterrizaba tras el mostrador turístico de la calle Magdalena.
Es su segundo verano atendiendo al variopinto público que entra. Que en pleno estío es mucho más. «La misma actividad no es, se trabaja a un ritmo diferente», explica.
No importa que fuera luzca el sol, truene, llueva o que apriete el calor. Ni que lleve toda la mañana explicando los mismos recorridos por la ciudad. «Si trabajas de cara al público sabes que nunca puedes poner mala cara», asegura. Así, con la sonrisa puesta todo el día, intenta adaptar al usuario sus recomendaciones. «Siempre repites lo mismo, pero lo puedes contar de formas diferentes, dependiendo quién está al otro lado del mostrador», relata. Y ese alguien puede ser algún ferrolano en busca de información de todo tipo, o visitantes variados: madrileños, vascos, andaluces, ingleses, italianos, checos, rumanos, australianos... Unos por trabajo, otros por vacaciones, otros siguiendo el Camino Inglés, pero todos ávidos de conocer el top ten de Ferrol, qué es aquello que no se pueden perder aunque solo vayan a pasar una tarde.
Trabajar en verano tiene también sus cosas buenas. «Lo mejor es que da gusto que venga tanta gente. Lo agradeces y hasta te hace ilusión que vengan a conocer tu ciudad, sobre todo cuando después de verla te dicen lo mucho que les ha gustado». Lo peor, claro está, «como en cualquier otro sitio: trabajar todo el día, sobre todo cuando hace buen tiempo». Es decir, sin las jornadas de playa que tanto le gustan y sin poder hacer planes los fines de semana que trabaja. Pese a todo, reconoce: «Siempre me gustó tener vacaciones en septiembre u octubre», así que el trauma es menor.
Cristina da la bienvenida con una sonrisa. Y los visitantes se despiden con otra e incluso dejan felicitaciones. «Qué bien lo explican todo», aseguraba ayer una turista llegada de Bilbao, poco acostumbrada a recibir tantas indicaciones en otras ciudades. Para Cristina Seoane es un aliciente más para seguir al pie del cañón. ¿Mucho tiempo más? «Espero que sí, porque me gusta mucho», concluye.