Mucha fiesta y bebida en una procesión limpia de incidentes y basura en el agua
17 ago 2009 . Actualizado a las 20:27 h.«¡Veña, veña. Hai que embarcar xa, que ahí ven a santa!». Así llaman los marineros de verdad, a los que la salitre hace vestir cuero en vez de piel, a la Virgen del Mar de Cedeira. Así gritó uno de ellos al ver llegar a la «santa», congelada en una imagen en la que rescata eternamente a dos marinos. Era casi la una, hacía un calor «de morrer», poca brisa y había que embarcar ya, porque junto con la Virgen llegan «as autoridades» y no tienen por costumbre esperar.
Fotografiados por turistas de pantalón corto y calcetín blanco y fritos por el sol, los costaleros logran embarcar y acomodar a la santa en la popa del pequeño Miramar . Toda una hazaña a ojos de los hombres de tierra, que siempre temen perder el equilibrio y los dientes cuando toca subir o bajar de un barco.
El Miramar encara la boca de la ría. Le siguen los grandes pesqueros de Cedeira y decenas de lanchas pequeñas. Muchas con una familia entera a bordo. Sentadas en la proa, las chicas dejan que el mar les moje los pies.
Andrés Docal, el patrón del Miramar , intenta una semana sí y otra también llenarlo de rapes «de seis ou sete kilos, que son os mellores». Pero ayer le tocó cargarlo con costaleros, muchos compañeros de profesión, vecinos afortunados, y también «as autoridades»: el alcalde José Luis Vergara, otros concejales, los sacerdotes...
El viaje en barco es corto, pero la empanada de berberechos, los bollos preñados, el Martini, las cervezas, el Faustino V... también muchas aguas frías y refrescos lo hacen aún más corto. Sin hacer ni caso a Faustino V, con alcohol o sin él, la procesión avanza y todo va sobre ruedas. Al novato que se marea se le ayuda y no se tira nada al mar todo acaba en bolsas atadas en cubierta.
Como Tarzán, esquivando con agilidad todos los obstáculos que dispone la cubierta de un pesquero, sirven la comida dos percebeiros más gallegos que Breogán. Rubios y de ojos claros, algo arrugados y canosos, pero delgados y fuertes como hierros, con brazos como resortes del color del bronce.
Al salir de la ría, el pequeño Miramar frena. Se acerca el gran Brisas de Cedeira que trae a la orquesta. Se lanza una corona al mar «polos nosos mariñeiros defuntos. Que Deus os acolla na súa gloria». Un padrenuestro en su recuerdo. Desde una lancha se abren jaulas llenas de palomas. Van a ser protagonistas involuntarias. Desorientadas, sobrevuelan la bandada de lanchas y luego regresan a tierra anunciándola.
El Miramar desfila ante los otros barcos. El Bedia , el Terror de los Mares , el Lucero Uno , el Brisas de Cedeira , el Scapiria I de La Rochelle hacen sonar sirenas y campanas mientras navega. También las lanchas de la Cruz Roja y Protección Civil. Sin incidentes, sus ocupantes pudieron participar como uno más.
Vuelta a puerto. Los costaleros repiten hazaña y «a santa» vuelve a tierra hasta el año que viene. Los cedeireses ayudan a subir a los novatos. La banda interpreta La Salve Marinera. «¡Qué precioso fue!», exclama la voz argentina de una mujer.