Ganando el pan a golpe de pedal

La Voz

FERROL

Antonio Díaz se pasa el verano ofreciendo exquisitos menús y máquinas de dos ruedas a los visitantes de la tierra que lo vio crecer: las Fragas do Eume

06 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Antonio Díaz no ha podido pisar la playa este verano, porque no ha tenido ni un solo día libre en lo que va de estío. «Estoy más blanco que un queixo de tetilla, pero la verdad es que no me importa, porque tampoco soy muy playero», cuenta entre risas. Antonio trabaja en un lugar de ensueño, el parque natural de las Fragas do Eume, donde dice sentirse como pez en el agua. Y tal vez por eso la tarea no se le hace tan cuesta arriba: «¿Tú sabes lo que es estar aquí y respirar este aire? ¿Disfrutar de esta tranquilidad? Esto es algo que no tiene precio y hasta hay turistas que me dicen que pagarían por trabajar aquí», cuenta satisfecho.

A pocos metros del río Eume, a la entrada del parque por Ombre, Antonio regenta el restaurante Andarubel, y además, comanda un servicio de alquiler de bicicletas. En total, este cocinero y empresario pone a disposición de los visitantes 32 ciclos de montaña, de los que se puede disfrutar por 5 euros durante una hora, por 8 durante dos y la mitad de un día por 12. También existe la posibilidad de disponer de las bicis de la mañana a la noche, pero esta opción, que sale a 18 euros, apenas tiene demanda.

Desde que se puso en marcha el servicio, hace ahora ya tres años, la clientela no ha dejado de crecer, aunque Antonio reconoce que este verano, con las lluvias, «la cosa está un poco más flojilla». «Hay que tener en cuenta que este es un sitio para estar al aire libre, para pasear y para ver, y si llueve, la gente ni pasea, ni ve, ni hace nada de nada», apunta resignado. Pero ya se sabe que las bicicletas son para el verano y por eso no resulta extraño que el servicio funcione especialmente bien de junio a septiembre, además de en Semana Santa.

Antonio cree en su negocio al cien por cien y por eso no le cuesta nada venderlo: «¡Es que la bici es el medio ideal para disfrutar de las fragas! En el autobús ni hueles, ni oyes, ni te puedes parar a mirar, y eso es algo que sí te da la bicicleta», advierte el empresario.

Antes de llegar al paraje natural, Antonio regentó un mesón en Pontedeume, El Aurume, pero cuando se enteró de que había un local disponible a la entrada del parque no dudó en trasladarse. «¿Que por qué me cambié? Porque esto es mucho más bonito y, además, trabajo muy a gusto», dice encantado. También conoce las fragas desde que era un chaval y por eso se siente en casa. «Mi familia es de Ombre, así que de chiquillo veníamos mucho por aquí, pero entonces no le dábamos a este sitio la importancia que realmente tiene; después, al viajar, te das cuenta de que no todo el mundo puede disfrutar de algo así», apunta con orgullo patrio.

En su restaurante, Antonio promociona con pasión los productos del Eume: el requeixo, los grelos, las setas, el porco celta... Y al hablar de las fragas, tampoco le faltan elogios.

Solo hay una cosa que echa de menos: «Hay algo que no se está haciendo y eso es dar a conocer los oficios que había en el bosque; aquí trabajaban ferreiros, gente que vivía de las castañas, otros que recogían hierbas para la industria farmacéutica... Con esto quiero decir que las fragas no solo son ricas por su naturaleza, sino también por los hombres que vivieron y cuidaron de ellas durante años».