El puerto de Ferrol eleva su techo

FERROL

Con la carretera a Caneliñas surge un nuevo escenario para el sector local, que ha crecido con oficio y sin apenas apoyos y al que todavía le falta el ferrocarril

19 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La puesta en servicio el pasado jueves de la carretera a Caneliñas eleva el techo de las potencialidades de la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao, que registró el mayor crecimiento del sector en España en el 2008 con un 16% y lideró por primera vez las cifras absolutas de las radas gallegas de interés general con más de 12,8 millones de toneladas de graneles de mercancías movidas. Todo eso con el oficio de sus operadores y solo con dos de sus tres grandes patas: los muelles interiores y el lucense de San Cibrao. Sin acceso viario, la dársena exterior y las cinco empresas en ella asentadas apenas han podido colaborar en ese desarrollo.

Con carretera, ahora, la cosa cambia. Y para bien. ¿Motivo? Caneliñas podrá comenzar a rendir. La dársena se podrá comercializar mejor en todo el país y en el extranjero -la falta de vial era una hipoteca- y se está ejecutando una segunda fase en la que se asentarán más empresas. Comienza, en definitiva, un camino nuevo que apuntala las positivas perspectivas que siempre ha generado la rada.

Así lo entiende el presidente de la asociación provincial de consignatarios y estibadores, Francisco Javier Santiáñez, buen conocedor del negocio marítimo. Es claro sobre la reciente apertura de la carretera: «Ha sido el primer impulso serio al puerto de Ferrol, un paso de gigante. Hay que tener en cuenta que lo poco que se sacaba de Caneliñas hasta el momento se hacía casi con nocturnidad y alevosía». Ahora, la plataforma portuaria local queda «muy bien posicionada, próxima a la meseta», con calados para megabuques y con un techo «que aún está muy lejos», subraya Santiáñez. Siempre a expensas, como el resto del sector, de los vaivenes de la crisis económica que influye en el tráfico marítimo.

El tren, clave de futuro

El planteamiento inicial del vial, cuando el Gobierno central era del PP, y su desarrollo, ejecutado con Fomento en manos del PSOE, dejan como una posibilidad muy remota su conversión en autovía. Implicaría, prácticamente, hacer una carretera nueva -la que hay ha costado 88 millones de euros- ya que no se han dejado materializadas infraestructuras que permitan ese desdoble barato.

Así, el nuevo caballo de batalla, como corrobora Santiáñez, es el ferrocarril, imprescindible para la intermodalidad y para conseguir grandes líneas internacionales de contenedores, el gran objetivo. ¿Qué hay de momento para el tren? Muy poca cosa.

Estudios iniciales embrionarios y un millón de euros en los presupuestos estatales de este año para el proyecto. Urge su desarrollo. Un puerto moderno sin tren es un puerto que en Japón, China y Singapur -focos del negocio marítimo- se ve cojo.