Entre velos, tiaras y corpiños de pedrería, la danza del vientre se abre paso en la comarca. Si hace diez años resultaba poco menos que imposible encontrar un lugar para aprender a moverse como la Mata Hari , hoy en día los cursillos de bailes orientales no hacen más que ganar adeptas. El bum que está viviendo este tipo de danzas lo conoce muy bien Vanessa Carballeira -sobre el escenario, Vanessa Lakshmi -, una bailarina y profesora de As Pontes que actualmente da clases en la asociación Liceo de la villa minera, en la Casa da Xuventude de Ferrol y en la academia Soul de A Coruña . Esta profesional, que se formó en Barcelona y en Madrid con maestros de Líbano , India , Egipto y Turquía , cree que el poder de atracción de las danzas orientales se debe a su aire exótico, pero también -y sobre todo- a los beneficios que reporta a quienes las practican: «Estos bailes no solo tonifican los músculos y aportan flexibilidad, también son buenos para aliviar el estrés, ejercitar la memoria y hasta hay culturas que los utilizan como clases de preparación al parto». Otra de las ventajas de los bailes orientales, según apunta Vanessa, es que no imponen ningún tipo de barrera -ni de edad, ni de sexo- para practicarlos. «Mucha gente piensa que la danza del vientre no la pueden bailar los hombres, pero esto no es así; en Turquía, Egipto y Líbano hay bailarines buenísimos», señala la profesora. Aunque su origen se encuentra en los rituales de fertilidad de la Antigüedad, los bailes orientales evolucionaron a lo largo de los años, dando lugar a diferentes estilos. Vanessa Carballeira baila la danza del vientre con los típicos velos y el bastón, pero también con una espada, con las alas de Isis y hasta con un candelabro en la cabeza. «Esta última danza -explica la pontesa- es originaria de Egipto y se suele bailar en las bodas, para mostrar a los novios la luz, el camino a seguir». Además, Vanessa también domina las danzas rituales de Turquía, Irán y Persia, la danza Bollywood y el flamenco árabe, una variante que fusiona la fuerza del baile español con la delicadeza de los estilos árabes ondulantes. Otro de los lugares de la comarca donde se puede enseñar el ombligo emulando a Salomé es el Estudio de Danza Paloma de Esteiro . Esta academia comenzó a impartir danza del vientre hace dos años y la aceptación fue tan buena que su directora, Paloma Rico , ha tenido que contratar a una profesora más. Nina y Caterina son las maestras y, entre sus alumnas, hay mujeres de todas las edades. «No sé muy bien por qué engancha tanto, pero yo creo que es porque es otra cultura, otra forma de ver la vida... A la gente le gusta descubrir lo desconocido», dice Rico.