Un decorado propio de una película de «Mad Max»

L.A.N.

FERROL

El próximo año se cumplen tres décadas del estreno de la primera película de la serie de Mad Max. Fue la cinta que, allá por el año 1979, encumbró a Mel Gibson con una trama de acción en torno a un particular apocalipsis repleto de arena, escombros y óxido, mucho metal de aspecto oxidado. El escenario original en Australia, parece haberse trasladado ahora a Ferrol para el rodaje de un remake.

El decorado sería la plaza de España, ese espacio público que empezó a reformarse hace seis años y medio.

Razón no le falta a los vecinos cuando critican el óxido. No hay necesidad alguna de practicar la prueba del algodón, pero esa chapa que enturbia el paisaje de la plaza mancha, y mucho. Y esa no es la mayor de las deficiencias que sufren quienes conviven a diario con las obras.

La entrada a la plaza desde las calles del centro (se produce, claro, flanqueando las habituales vallas del futuro centro deportivo) es uno de los espectáculos más desoladores. La iluminación ha sido la más castigada en los últimos años, hasta tal punto que el paseante esquiva a menudo sus farolas inclinadas para evitar el coscorrón. Muchas acabaron ya en el suelo tras un fin de semana cualquiera. Y al pasar por la zona también hay que vigilar donde se pisa. Unas lámparas empotradas en el pavimento, la mayoría sin pantallas, se vuelven trampas traicioneras donde colar un pie en el agujero de manera involuntaria.

«Es una vergüenza», repiten una y otra vez los vecinos. De hecho, uno de ellos recriminó al alcalde, en plena presentación del proyecto de urbanización, que «a ver si hacen algo con lo de las ratas». Parece inevitable la combinación de obra abandonada y proliferación de las ratas. Han encontrado allí un sitio seco y tranquilo en el que desarrollar la comunidad. Con suerte, los trabajos se reanudarán en poco tiempo y los animalitos deberán buscarse un nuevo hogar.

Hacer noche bajo la fuente

Claro que la opción no es cruzar la plaza y adueñarse de los bajos de «la fuente esa oxidada», como ya se le empieza a conocer. En realidad, ese sería el cuartel saqueado del prota de la película. Un portón, también oxidado y renqueante, a punto de caer desplomado al suelo, abierto de par en par, invita a cobijarse en el interior de la sala de maquinaria y mantenimiento de la fuente. En estos días de frío, parece haberse convertido en el mejor albergue para aquellos que no logren acceder a una de las camas de la casa de acogida de Caranza. Unos cartones en su interior evidencian que la fuente ya ha sido utilizada para pernoctar.

Por el medio, la plaza presenta peculiaridades de todo tipo. Aunque lo mejor son los parques infantiles. Y es ahí cuando se llega a la segunda entrega de Mad Max, La cúpula del trueno, con la actuación de Tina Turner como villana mayor encaramada en una jaula al estilo de las estructuras infantiles que hicieron las delicias de una generación. Claro que, de nuevo, el firme era arenoso, desértico, y en los parques de la plaza de España lo que crece es la vegetación de manera desaforada.

A pocos metros, se mire para donde se mire, el color dispar de las plaquetas del suelo evidencia la falta de limpieza. Y eso sin mirar en el interior de las fuentes, por las que no fluye más que el agua de la lluvia y el limo.

¿Y los jardines y espacios verdes? El escaso arbolado que se puede encontrar en la plaza parece que se le haya olvidado a alguien ahí y acabase por integrarse en el paisaje. Se aprecia, por ejemplo, una tinaja de plástico semienterrada y de la cual parte el tronco sin rumbo.

En cualquier caso, las zonas verdes se han convertido en una moqueta pisoteada por caminantes o, simplemente, moqueta de deposiciones de los animales domésticos de la zona.

Escasa iluminación

Se hace de noche. Desaparecen los transeúntes. Y la luz de los edificios que rodean ese espacio permite adivinar el paisaje, aunque no se puede impedir algún que otro tropezón con una de las minifarolas de acero oxidado que hay esparcidas por la zona a medio metro del suelo. Proyectan una tenue luz a través de minúsculas rendijas y, lo dicho, ese es el momento en el que se llena de arena y cruza una bola de paja.

Claro que ni Gibson ni Turner pasaron nunca por Ferrol. Ni esto es una película.