Aquel gol que cambió la historia

FERROL

Autor de uno de los más legendarios tantos del siglo XX, el que le dio a España la Eurocopa ante Rusia, dice que los deportistas tienen la obligacion de «dar ejemplo»

07 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Algunos años han pasado ya, eso es cierto, desde aquel 22 de junio en el que la selección española de fútbol ganaba la Eurocopa frente al equipo de la Unión Soviética gracias a un decisivo cabezazo de Marcelino, que recogió en el aire un pase de Pereda -no de Amancio, como se dijo tantas veces- para firmar una leyenda. Corría, para ser exactos, el año 1964, y el partido se disputaba en el estadio Santiago Bernabéu nada menos que ante 120.000 espectadores. Una multitud que hoy ya no podría acoger, lógicamente, el recinto madrileño, dada la evolución que las exigencias en materia de seguridad (y por tanto los aforos) han experimentado a lo largo del tiempo.

Marcelino, dedicado hoy a sus negocios, en especial al mundo inmobiliario, recuerda aquel día como si los años no hubiesen pasado, pero sin mayores nostalgias. Es perfectamente consciente de lo que aquel gol supuso, pero no es hombre proclive a mitificar el pasado, y viene a decir que el deporte, que es «un reflejo de la sociedad», ha de servir, más que para la exaltación, para «dar ejemplo». Fiel seguidor del Deportivo, va al estadio con cierta frecuencia. Pero hoy su ventana a la alta competición es, sobre todo, la pantalla del televisor. Afirma que la gestión de los clubes debería ser totalmente «transparente»: «¡Hay demasiadas deudas, demasiadas deudas...!», lamenta. Recuerda con afecto a Lev Yashine, a La araña negra , héroe de la Unión Soviética. Un hombre con el que llegó a coincidir en un par de ocasiones más, y del que dice que era, en efecto, «todo un personaje». Pero si le preguntan quién fue el mejor futbolista de todos los tiempos responde que esa es una cuestión para la que no hay respuesta, porque no es posible comparar la eficacia y el talento de quienes juegan en puestos diferentes. Y si le piden el nombre del más brillante de los futbolistas españoles, responde, claro, con el mismo argumento.

Sobre el respeto y el afecto

Dice sentirse «más respetado que querido», cosa que no le satisface por completo. «Voy por ahí y me reconocen y me hablan en todas partes, incluso los niños saben quién soy -comenta-. La gente sabe lo que fue aquel gol y me muestra su respeto, y eso para mí es importante. Pero yo creo que mucho más importante que el respeto es el afecto». Cree que la sociedad debería poner más empeño en hacer que el deporte «vuelva a estar muy presente en los colegios». «Los niños tienen que hacer deporte -dice- tanto por salud como por los valores que transmite. Con ello, se evitarían muchos problemas».