«Os cacos tamén comen»

Luís A. Núñez

FERROL

Pastas y botellas se encuentran entre el botín que se llevaron de madrugada unos ladrones en un bar de Campolongo

04 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los hosteleros de Pontedeume están en alerta. Los ladrones parece que se han fijado en sus locales y ayer mismo, de madrugada, le tocó sufrir el revés al propietario del bar A Estrada, en Campolongo. José García, conocido por su clientela como Andrés o da Estrada, se encontró con la sorpresa cuando fue a primera hora de la mañana a abrir su local.

No es el primero. Ya hace escasos días había sufrido la misma suerte una cervecería próxima, también en la misma parroquia. En su caso, los ladrones rompieron una de las ventanas del local y se colaron directamente en la barra. «Leváronme unha caixa co cambio que debía ter uns catrocentos euros», explica el propietario. Pero eso no fue suficiente. Acto seguido se dirigieron a la máquina tragaperras y la reventaron a golpes con una banqueta.

Entre destrozos y todo, la broma le ha salido a José por encima de los mil euros. Pero lo más curioso es que los asaltantes se llevaron botellas «e tamén unhas pastas que tiña encima da chimenea».

Este último detalle hizo al hostelero sospechar de un grupo en concreto. Aunque luego lo descartó con un «supoño que os cacos tamén teñen que comer».

El suceso ocurrió entre las 2 y las 4 de la madrugada, según notificó posteriormente la Guardia Civil de Pontedeume. Pese a que el local se encuentra al pie de la carretera nacional 651, entre Ferrol y Betanzos, a esas horas está prácticamente desierta; sobre todo, en días laborables.

La principal fuente de ingresos de este y del resto de locales de hostelería ubicados en Campolongo se encuentra en las empresas situadas en el entorno.

Para José, «é a primeira vez». Y confiesa que este suceso le ha hecho reflexionar. «Terei que tomar medidas» para evitar nuevos robos, explicaba ayer.

No obstante, el propietario de A Estrada recuerda que ya en el año 2001 sorprendió a un grupo que trataba de acceder a un local que regentaba entonces en Miño. «Berreilles e botaron a correr», dice; y minutos después fueron identificados por la Guardia Civil. Esa había sido su única experiencia con la delincuencia.

Ahora, el Instituto armado se ha cruzado de nuevo en su vida para investigar el origen de este robo.