Capitanes en la ría de Ferrol

Vanessa Lagares

FERROL

La «Rías Altas Uno», la lancha que comunica Ferrol con Mugardos, es todo un atractivo para los turistas

26 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Con la emoción a flor de piel y el viento rozándoles la cara, un puñado de viajeros embarcan en el Rías Altas Uno, la lancha que los llevará del puerto de Ferrol hasta la capital del pulpo por antonomasia.

Poco después de subir, y tras pagar los tres euros correspondientes, las maravillosas vistas de la ría, con los castillos de San Felipe y La Palma al fondo, empiezan a hacer las delicias de los turistas que deciden subirse a la embarcación.

En la cubierta superior, sentados en los bancos y con gorros y viseras que los protejan del sol de justicia que estos días pegaba a media mañana, no más de una docena de pasajeros comentan entre ellos lo bonitas que son las vistas y lo que les gusta disfrutar de las tierras gallegas.

Al fondo, en la popa, Enrique Garay y Manuel Baturren, dos marinos vascos jubilados que recorren, desde hace años y en compañía de sus mujeres, la costa norte gallega, evocan imágenes de cuando surcaron la boca de la ría a bordo de una de las embarcaciones más grandes de España.

«Recorremos todos los años la costa norte de España. Ayer estuvimos en Cedeira, hoy vamos a Mugardos y mañana iremos a Coruña», dice Enrique Garay.

Aunque están acostumbrados a lidiar con mares más peligrosos que la ría y a dormir mecidos por las olas, siempre que regresan hacen este recorrido porque les permite disfrutar en Mugardos del mejor de los manjares acompañado de un buen caldo «y sin peligro de que nos hagan control de alcoholemia», comenta entre risas Manuel Baturren.

Ya en la proa, otros repetidores. Son Enrique Lorenzo y Josefa Pons, dos catalanes que recorren «cada año» la costa gallega porque «esto es muy bonito», dice Josefa Pons en medio de las prisas por bajar a la villa, en donde ya estuvieron hace unos días degustando pulpo.

Y así entre proa y popa, el resto de los pasajeros disfrutan de los escasos diez minutos que dura la travesía comentando entre ellos las sensaciones que les produce el viaje y qué los animó a venir a estas tierras.

Este es el caso de José Gil, otro catalán que, animado por lo poco que conocía de Galicia en viajes de trabajo, decidió venirse en compañía de su mujer y de unos amigos, que «atraídos por la comida, el paisaje y la gente» no pudieron negarse ante tamaña propuesta.

Tras una parada de 20 minutos, el Rías Altas Uno vuelve a surcar la ría de Ferrol de regreso a la ciudad. Con menos pasajeros de los que llevó, el regreso se hace en medio del silencio, tan solo roto por el motor de la embarcación y por la dulce historia de Lilia Aranjo, una mugardesa que decidió coger el barco para ir a recoger a su nieto a la guardería y que se reconoce «partidaria de la lancha».