Las 96 horas del mejor folclore

FERROL

La trigésima edición del Festival de Ortigueira dejó estampas de lo más variopinto: desde los grupos con mayor bagage musical hasta los «folkies» más enraizados

15 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Desde aquella primera edición del festival organizada por la Escuela de Gaitas de Ortigueira, el panorama ha cambiado. Y tanto. Por aquel 1978 en el que España cambiaba a pasos de gigante, la música celta gallega reunió a 9.000 personas. El pasado fin de semana, en la villa del Ortegal se concentraron nada menos que 90.000. Entre una imagen y otra han pasado ya 30 años.

Las 96 horas del Festival de Ortigueira han dejado estampas creadas por la propia multiculturalidad. Desde las de los hippies más insospechados -esos de los que ya parecían que no quedaban- hasta las de los rebautizados como folkies, los grandes amantes de lo celta y también los más madrugadores, que cada año acuden a la playa de Morouzos, tienda de campaña en mano y ganas de conjugar modernidad y tradición, rodeados de bebida, colegueo y mucha música. Y es que, durante cuatro días, solo se respira folk.

Así, entre concierto y concierto, Ortigueira se fue llenando de gente. Fueron asistentes de excepción a una de las ediciones más memorables del festival: la que dejó en la retina de todos a grupos como The Dubliners, Moving Hearts o The Boys of the Lough, que consiguieron hacer vibrar a los presentes con los ritmos de la música folk más arraigada. Pero no menos sorprendentes fueron los primeros compases del festival, donde los conjuntos gallegos más enraizados pusieron la nota de distinción con las foliadas y recuperaron los sones más característicos de Ortigueira.

Pero no solo fue música. También hubo tiempo para el teatro, con el Humor Neghro de Carlos Blanco o la puesta en escena de nuevos creadores. El gato al agua se lo llevaron los castellano-leoneses Sog y su «estilo sogano», basado en la fusión de músicas de diferentes culturas. Su premio: pisar el mismo escenario Estrella Galicia el próximo año.

El festival dio para esto y mucho más, también en el escenario paralelo: el de la playa de Morouzos, improvisado asentamiento de los folkies y centro de una movida donde se palpa también el negocio: puestos ambulantes de bisutería, ropa y comida irrumpieron en la arena de Ortigueira. Allí, en la otra cara del festival también hay quienes exprimen cada minuto de los cuatro días de festival para buscarse una diversión alternativa. Ahora, con los últimos coletazos de la resaca de esta edición, muchos piensan ya en Ortigueira 2009.