Un frondoso bosque junto al Miño

FERROL

Las actividades y los expositores presentes en Foresgal combinan los variados alicientes del sector forestal y atraen a un público interesado en cuestiones diversas

30 mar 2008 . Actualizado a las 03:00 h.

Que al lado de un río como el Miño florezca la vegetación no puede sorprender pese a las sequías y a los comentarios sobre probables o posibles cambios climáticos. Aunque este pasado invierno ha sido más bien escaso en lluvias, en su margen izquierda florecía un esplendoroso bosque, capaz de dar sombra y de causar asombro.

Una feria como Foresgal, que de anteayer a hoy se celebra en el recinto de la ciudad amurallada, puede ofrecernos un variado paseo, ya que si estamos en un bosque como Dios manda, una de las ineludibles características debe ser la diversidad.

Sin embargo, no debe olvidarse que las actividades no se concentran solo en el recinto ferial sino que se extienden a montes de Ludrio. En este caso, además, el certamen tampoco escapa a la presencia del Miño, ya que dicha parroquia pertenece al municipio de Castro de Rei, por el que discurre el patriarcal río gallego, y no está lejos del nacimiento del cauce.

Maquinaria

Lo que se hace en dichos montes, adonde se puede acudir en autocares que fleta la organización desde Lugo, es observar cómo los tiempos también avanzan que es una barbaridad cuando se habla de los montes. Las modernas máquinas requieren la pericia de quienes las manejan, pero permiten comprobar a expertos y a curiosos cómo se puede llevar a cabo una operación de tala, desbroce y limpieza de pinares.

Volviendo al recinto ferial, puede observarse que las cocinas y las calefacciones de leña, quizá asociadas con tiempos pasados y con circunstancias diferentes, son una alternativa ecológica y económica. Más allá de coincidencias en palabras esdrújulas, la leña, que en Galicia abunda, produce menos emisiones contaminantes que los combustibles fósiles. (En la sección de Economía se amplía esta información).

Tal reflexión puede servir para reflexionar en silencio, sobre todo teniendo en cuenta los precios del gasóleo y del butano. Pero aunque el bosque tenga una dimensión silenciosa, estamos en una feria, con lo que debemos dejar una pequeña concesión al bullicio.

Hay ruidos que son más necesarios que superfluos. Nada de acelerones innecesarios ni de cláxones emitidos por falta de impaciencia: el trabajo de motosierras que rebanan troncos con la misma facilidad con la que nos preparamos unas rebanadas para el desayuno nos demuestra cuánto se puede hacer con la madera.

Casas

Con la madera hasta se pueden hacer casas. Pero para ello no debemos pensar en Finlandia o en Canadá sino en lugares como Galicia: alguna de las firmas asentadas en Foresgal brinda esa posibilidad. Por otro lado, la capacidad de generar valor añadido se comprueba en otras empresas que aprovechan la madera en sus transformaciones.

De nuevo podemos encontrar motivos para la reflexión; pero en este caso nos encontramos de nuevo con una ocasión para disfrutar. A pocos metros se celebran las demostraciones de juegos tradicionales; y el periodista se encuentra con Mario Saavedra, concejal de Castro de Rei y profesor, buen conocedor de las tradiciones de ocio y tiempo libre que se practicaban en Terra Chá: hablamos de cuando ni ocio ni tiempo libre eran expresiones de uso frecuente y de cuando la pericia en los bolos ocupaba tanta atención como las actuales evoluciones de Pau Gasol en la NBA.

Si hablamos de expresiones, en una feria nos encontramos con todo tipo de diálogos y hasta de monólogos. La razón de esta últimas circunstancia está en que una de las atracciones recibe el nombre de contacontos do monte.

El bosque da lugar a todo tipo de historias y leyendas. Pero en una feria, mientras los contacontos cumplen con un papel que parece en principio dirigido a un público de corta edad, cabe establecer una conclusión de largo alcance: el bosque es algo tan variado que a todos debe de interesar.