Los ferrolanos van al límite

FERROL

La mayoría de los conductores supera la máxima permitida en las grandes vías, pero los excesos son por un margen estrecho

09 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La Guardia Civil estima que los vehículos que viajan por As Pías superan en una media de diez kilómetros por hora la velocidad máxima permitida. ¿Se repite ese patrón en el casco urbano de Ferrol? Es más complejo saberlo, ya que en las calles casi nunca se hacen controles de velocidad y el Concello no dispone de análisis al respecto. Aunque carezca de la validez científica de los estudios de la DGT, un experimento casero permite arrojar un poco de luz acerca de la velocidad a la que circulan los ferrolanos. Se trata de conducir manteniendo una distancia constante con el coche más rápido que haya en la vía. Un GPS calcula la velocidad real a la que viaja el vehículo. El resultado general de la prueba, realizada el pasado martes entre las 17.20 y las 19 horas, es que el límite de 50 por hora se vulnera casi siempre, aunque por márgenes bastante estrechos.

Ahora bien, existen calzadas que se prestan más a pisar el acelerador, como el Acceso Norte. La velocidad máxima permitida en dirección salida justo antes del desvío hacia Cedeira es de 80 por hora. Bien, a las 18.11, un coche gris tamaño familiar adelanta, a todo trapo, al vehículo con el GPS, que circula justo al límite legal. Siguiendo la pauta del experimento acelera e intenta mantener la distancia, pero no hay manera. El GPS sube: 90, 100, 110, 115 por hora... y el coche gris, que ha ganado más velocidad pese a adelantar a otros dos vehículos, desaparece tras la siguiente curva.

A más de 125 en zonas de 80

Es un caso claro de exceso de velocidad, pero hay un detalle. Los indicadores de los coches siempre marcan por encima de la velocidad real. En el caso del GPS y el coche del experimento, la diferencia es de 10 kilómetros. Es decir, el conductor del velocísimo vehículo gris tendría la aguja de velocidad de su salpicadero en 125 por hora por lo menos, en una zona con limitación máxima de 80.

El caso anterior es el más exagerado, pero hay otros sangrantes. Hay en el Acceso Norte, debajo del primer viaducto que sobrevuela la vía en dirección salida, una curva peligrosísima, pero muy señalizada y con una limitación de velocidad de 50 por hora. Muy pocos conductores deben respetar ese margen. El día del experimento, un camión con volquete pasó por ella a más de 75 kilómetros por hora.

En cuanto al trayecto hasta el Marcide, en dirección a Cedeira, el coche más rápido también superó el límite, normalmente por diez o quince por hora, pero en algunas zonas, las limitadas a 50, por casi 40 de más. Ayudan a mantener la moderación las numerosas rotondas, que impiden a los más imprudentes pisar a fondo durante demasiado tiempo seguido.

Algo similar ocurre en la avenida de Esteiro. Los coches en doble fila, los semáforos, los pasos de peatones, el tráfico abundante y las rotondas evitan muchos de los excesos a los que se presta una calle completamente recta, con pendientes pronunciadas y dos carriles. Por lo general, las puntas de velocidad superaron por un estrecho margen la limitación de 50 por hora. Ahora bien, es de suponer que por la noche, cuando apenas hay vehículos circulando, muchos encuentran más apetecible darle un poco más de gas.