Paciencia para serpentear la costa

FERROL

Una hora y diez minutos lleva recorrer los 67 kilómetros de Ferrol a O Barqueiro con sólo dos tramos para adelantar y limitaciones de velocidad de hasta 40 por hora

02 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

El viaje que ahora comienza tiene como punto de partida Ferrol y como lugar de destino O Barqueiro, en el municipio de Mañón. La guía Campsa revela el número de kilómetros que el protagonista de esta historia, un turismo Polo negro, va a recorrer, un total de 67. Son las 11.40 de la mañana y arranca la aventura con la incorporación a la autovía de As Pontes. En el maletero hay montones de tiempo, paciencia y prudencia al volante.

Primera sorpresa. La fachada de la autovía está en obras, y el carril de entrada está habilitado en el que habitualmente es el de salida. Durante unos metros, los vehículos tienen que circular más despacio. Dura poco y al rato el velocímetro se sitúa en los 100 kilómetros por hora (se permite hasta 120). Poco tráfico y muchos camiones.

Se acabó la bicoca y toca incorporarse a la AC-862, que será compañera inseparable durante todo el viaje. Camino de San Sadurniño, a la derecha queda una gasolinera y a la izquierda un letrero que, para los que ignoren lo que queda, podría parecer hasta esperanzador, «Ortigueira 35». Los minutos que restan son bastantes más. De cerca nada.

El pie del acelerador se mueve como el fuelle de un acordeón. Una recta a 70 kilómetros, entrada al casco urbano a 50, zona escolar a 40, subida a 70, curva peligrosa a 60... y peatones que salen de los lugares más inesperados dispuestos a cruzar por donde sea. Acostumbrados a convivir con el tráfico pesado a diario, le han perdido el miedo.

La carretera Ferrol-Viveiro empieza a contonearse y enseña sus primeras curvas, que imponen respeto pero que, vistas las de más adelante, estas se quedan en nada. Incluso nace el primer carril de adelantamiento, que permite sacarse de delante a algún camión que, cargado hasta los topes, intenta con la lengua de fuera subir una cuesta.

Llegada a Moeche. Son las doce del mediodía. No hace falta combustible, en caso de que sí, no habría problema, el promedio es de una gasolinera por municipio. Pasa Cerdido, grandes bosques de eucalipto, sombra, curvas, otra estación de combustible y señales de precaución que alertan de que no sólo los peatones pueden desencadenar un frenazo in extremis, también jabalíes y cérvidos. No es una broma, el Ortegal es la zona de Galicia donde más accidentes se producen por la colisión con animales salvajes.

Macabro destino

El viaje por la AC-862 continúa por la recta de Campo do Hospital, entre los concellos de Cerdido y Ortigueira. El macabro destino hace coincidir el paso de una ambulancia por el tramo en el que está situada, en la margen izquierda de la carretera, una cruz engalanada con flores.

Comienza el descenso por, primero, Mera de Riba, y luego Mera de Baixo. De curvas sinuosas, los vehículos aprovechan para ir más rápido. Es una zona habitual de accidentes. En San Claudio una circunferencia de 360 grados obliga a girar el volante en una postura que hasta parece antinatural.

A las 12.26 el Polo negro ya está atravesando el casco urbano de Ortigueira. El velocímetro se pone a cero. Un coche que quiere aparcar, otro que sale, un paso de peatones, un camión descargando... es decir, una villa en pleno bullicio.

Aunque apenas quedan 30 kilómetros para alcanzar Viveiro, empieza el tramo más dificultoso, con las curvaturas más zigzagueantes y el firme en peor estado. El coche no para de botar. En el puente del río Baleo, la estrechez es tal que sólo puede pasar un vehículo. Después de 67 kilómetros, Mañón recibe al Polo negro con los brazos abiertos, eso sí una hora y diez minutos después.