Guardado bajo presión

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FERROL

El mexicano asume su papel de estrella en el Deportivo, pero su fútbol se vio afectado en los últimos partidos por la exigencia extra

03 nov 2007 . Actualizado a las 02:37 h.

El fichaje estrella del Deportivo, Andrés Guardado, corre el riesgo de perder su brillo natural si continúa bajo la presión de ser el faro que guíe al club hacia su salvación. De la noche a la mañana, pasó de ser la promesa del Atlas de Guadalajara y de la selección tricolor, a tener que tirar del carro de un equipo venido a menos en una de las Ligas más competitivas del mundo. Y el fútbol del mexicano se resiente.

Ayer hizo balance pausado de su momento vital: «Sé que tengo una responsabilidad como refuerzo, pero hasta ahí. Nada más. Todo es nuevo para mí, soy joven y estoy creciendo futbolísticamente, pero es un tema que surge en el entorno y en el vestuario... Lo entiendo, porque soy el fichaje, pero yo lo único que tengo son ganas de agradar. Es una presión extra, cierto, pero yo me siento tranquilo. Y es verdad que me sorprende que desde el primer día se me diga que soy el salvador del equipo».

Acelerón en su carrera

Ser portada de los periódicos no es noticia para Guardado. Ya en su país era el Joven Maravilla, el Zorro Plateado, el Principito y la Joyita. Era, además, el ojito derecho del ídolo de los ídolos en clave azteca: Hugo Sánchez. Guardado ha vivido veintiún años y dos meses, pero las últimas diecisiete semanas han sido demasiado frenéticas incluso para él. Es cierto que ha elegido una profesión en la que la repercusión pública de sus acciones y la influencia de su entorno determinan su alto salario, pero continúa siendo un veinteañero que vive una nueva vida.

Fichó por el Deportivo a principios de julio, pero todavía tuvo que jugar un par de partidos promocionales con su ex equipo y la Copa América con su selección. La presión de los clubes que negociaron su pase a Europa le llevó a reflexionar: «Estoy sorprendido por la cantidad que se pagó por mí», explicó a La Voz.

Esos cinco millones y pico de euros son palabras mayores para un club como en una grave situación económica como el Deportivo, que se encargó de trasladar rápidamente el mensaje a su afición y al propio jugador, en recriminación solapada. En esa dinámica, Guardado aterrizó en A Coruña y recibió la primera en la frente: el sambenito de salvador. «No lo soy», zanjaba el mexicano ante los tres mil seguidores que le aclamaban en su presentación oficial en Riazor. El estadio municipal no se utilizaba para estos menesteres desde el arribo de Djalminha.

Después, soportó comparaciones con David Beckham y se rompió los dientes a caerse en plena calle. Dolorido, soportó el fiasco del Almería en la primera jornada siendo el más destacado. Lo fue en muchos partidos. Su entrega es acorde a su calidad. Verdú es su contrapunto en el césped y todo apuntaba a que el despegue sería inmediato.

Inercia negativa

Pero los resultados no acompañaron lo necesario y Guardado se sumió en la dinámica del equipo. Resiste al fracaso cada partido, pero todas las miradas se clavan en su cuerpo menudo. Fue parte activa en las dos únicas victorias blanquiazules de esta temporada. Le marcó al Betis del modo que ilustra la fotografía de la izquierda y galopó la banda del Pizjuán para regalarle el gol a Riki contra el Sevilla. Tuvo que jugar contra el Valencia casi de reenganche después de cumplir con la patria. Y ante el Real Madrid y el Mallorca aflojó. En el Bernabéu cometió un penalti demoledor para el Dépor y después intentó arreglar su error queriendo ser omnipresente. Su impaciencia le llevó a más equivocaciones. Contra el Mallorca perdió un balón que acabó con un gol en contra y él mismo resumió: «Nos ganó la desesperación».