La misionera nedense Manuela Rico, que falleció el miércoles en la India, trabajó para educar a los jóvenes
16 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.La vida de la religiosa Manuela Rico Basoa, natural de Neda y fallecida (a los 63 años) el miércoles en un accidente de tráfico en una localidad de la India -cuando se desplazaba con otras dos compañeras al funeral de un sacerdote de un pueblo cercano-, ha estado siempre marcada por su entrega a los demás.
Internada durante unos años en el colegio Compañía de María de Ferrol, Manuela Rico tomó muy joven los hábitos y en cuanto pudo se ordenó misionera en la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús. Cuenta su familia que durante toda su vida había tenido muy clara esa vocación, y que la India fue el país al que la religiosa había dedicado 35 años de su vida en calidad de cooperante.
En la región india de Gujarat -donde residía y desarrollaba su labor-, la monja se ocupaba del complejo trabajo de educar a los jóvenes de pequeñas poblaciones con el fin de prepararlos para un futuro mejor. «Formaba a chicas mayorcitas en un internado para que, después, ellas fueran educando a los niños de sus pueblos», recuerda su cuñada Carmen Regueira.
Recuerdos
Ante la muerte de Manuela Rico las reacciones no se han hecho esperar. Su familia, sumida en un estado de shock por la inesperada noticia, recuerda a Manuela como una persona muy dada a ayudar en todo lo que podía. «Era muy cariñosa y siempre estaba pendiente de los demás», comenta Carmen Regueira.
En la delegación madrileña de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, a la que pertenecía Manuela, tampoco dan crédito a lo sucedido. Mientras explica que la nedense era una de las dos religiosas españolas que permanecían en la India, su compañera María Amparo Zaragoza asegura que «era una mujer de mucha fe y muy firme en sus convicciones».
Ahora todos resaltan la entrega que ha tenido, durante más de tres décadas colaborando para que los pequeños núcleos poblacionales de Gujarat se abrieran mínimamente al desarrollo. «Ayudaba (junto con otras misioneras allí instaladas) a las familias a construir pozos, a tener mejores viviendas...», dice su cuñada. «Nos sentimos muy orgullosas de la labor que hizo. Hay que tener mucha vocación para estar allí porque carecían de todo», continúa.
Manuela Rico era un persona a la que los pequeños detalles le llegaban al corazón. Su familia recuerda que cuando venía a visitarlos (en contadas ocasiones) les narraba historias sentimentales sobre lo que vivía, día a día, en la India. Casos como el que se daba cuando iban a ayudar a una familia, que no tenía ni para comer pero que a ellas les ofrecían una gallina o carne en agradecimiento a su cariño y a su asistencia.
Homenaje
Manuela fue muy querida en la región de Gujarat, donde era monja superiora desde 2002. Prueba de ello es que la gente de los pueblos a los que ella había entregado la mayor parte de su vida quisieron organizarle un gran funeral -al que se desplazaron algunos miembros de la delegación de su congregación en Madrid- para despedirla, ya que será enterrada en aquellos lares. «El viernes hicieron un funeral precioso en reconocimiento a todo lo que había hecho y al cariño que había dado», finaliza, visiblemente emocionada, María Amparo Zaragoza.