La hora de la ingeniería

Francisco Varela FERROL

FERROL

RAFAEL ESTÉVEZ

Ferrol tiene capacidad para exportar tecnología en lugar de titulados. El futuro centro del naval, la Politécnica y nuevas empresas del sector forman el grupo de salida

14 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?a noticia de que Ferrol exporta ingenieros a Noruega agita el orgullo localista pero debería hacernos reflexionar: ¿Puede Galicia, tras invertir en estudios de alto nivel hasta diez años de carrera de un joven, enviar luego a sus titulados superiores a la emigración? Ciertamente «es un lujo», dice un catedrático de Esteiro. Otros países de la Unión Europea venden la tecnología que crean sus técnicos en casa. Bastante más rentable. El contrato de Navantia con Australia, la próxima creación de la plataforma tecnológica del naval con sede en el CIS de A Cabana, y el grado de madurez alcanzado por las escuelas politécnicas conforman un panorama para que Ferrol venda tecnología a Noruega o a otros países. Es esa la diferencia que marca una región desarrollada de la que no lo es. Vigo, por ejemplo, cuyos astilleros han abierto mercado en el sector de megayates, importa aún el 90% de los equipamientos del buque que construye, principalmente de Italia. De ahí el interés en crear tecnología propia entre Vigo y Ferrol. Francisco de Bartolomé, que fue jefe de Ingeniería en la extinta Astano, tampoco oculta su ilusión por los tiempos que se avecinan para la ingeniería de Ferrol, si las cosas discurren como esperan sus compañeros. Muchos de ellos conservan todavía en el mundo el prestigio labrado por los técnicos de los astilleros ferrolanos durante décadas. Vender más barato «Ahora estamos en condiciones de vender ingeniería más barata pero de igual calidad que competidores nuestros como Alemania, Gran Bretaña, Francia o Italia», dice De Bartolomé. Competir hoy en un mundo tan globalizado ya no es ofrecer mano de obra barata como en otros tiempos. Se vende tecnología y, a medio plazo, la tecnología también puede atraer otro tipo de contratos. Las empresas necesitan, no obstante, dinamizar sus capacidades, abrirse al I+D, romper los viejos moldes, y el ingeniero bajar del pedestal. Es el nuevo técnico para una producción ajustada a los presupuestos, segura para el personal de producción, innovadora en la gestión y acorde con los parámetros medioambientales. Navantia ha conseguido ensamblar sector público y privado, tecnología y producción, para competir y ganar los proyectos de Noruega y Australia. Ahora se trata de trasladar toda esta experiencia a otros ámbitos y es ahí donde la ingeniería de Ferrol y la empresa privada tecnológica pueden jugar un papel decisivo. La buena fama de los técnicos locales puede llegar a las sociedades de clasificación, a las navieras. El revulsivo será el centro tecnológico del naval como piloto del gran salto para transformar estas capacidades en un producto acabado. Italia consiguió un nicho en grandes cruceros, Alemania en portacontenedores. Ferrol no puede quedar cerrado en la fabricación de fragatas y carena de mercantes.