Noches en vela por devoción

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago FERROL

FERROL

CÉSAR TOIMIL

En directo | Los preparativos de las cofradías Además de procesionar con pasos de casi tres toneladas de peso, los cofrades trabajan sin freno, a veces sin dormir, para que todo brille en la Semana Santa

05 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?on un sacrificio enorme, la cofradías de Ferrol sacan adelante la Semana Santa. De cara al público, los portadores se esfuerzan cuando llevan sobre sus hombros los hasta 3.000 kilos de alguno de los pasos, pero el trabajo realmente duro se realiza entre bambalinas y no se limita a las festividades de estos días: dura todo el año y, especialmente, los meses que separan la Navidad de la Semana Santa. Se trata de mantener lustrosas las imágenes y los tronos, de preparar las novedades y todo lo necesario durante doce meses para celebrar en siete días. Pero precisamente, esa semana es la más dura de todas. Ayer, por ejemplo, era un día de sudor e ilusión en la Cofradía de Dolores. Por la mañana se ultimaban los preparativos de los pasos de la tarde. La Oración en el Huerto, el Prendimiento, el Cristo Redentor, la Misericordia, la Virgen de la Piedad, el Yacente... Todos a punto gracias a un pequeño ejército de ciudadanos que compaginan su trabajo habitual con su colaboración en la cofradía. Un ejemplo de trabajo es el de María del Carmen Cobelo y María Rodríguez. A la una de la tarde llevaban en el tajo desde las tres de la mañana, sin dormir. Seguirán trabajando aún muchas horas más. De noche, al finalizar las procesiones, es preciso reorganizar todo y colocar los pasos en el orden de salida del día siguiente, una maniobra que se realizó hoy de madrugada una vez más. Los guardan en el Corralón, una especie de hangar para las imágenes ubicado en la plaza de Amboage. Con ellas, aunque con unas poquitas horas de sueño más, está María Dolores Castro, una de las chicas portadoras del Prendimiento. Ella y sus compañeras rondan los 16 años, pero cargan con un conjunto escultórico que supera con creces la tonelada de peso. El trabajo se desarrolla en secciones. Tras finalizar una procesión, inmediatamente, llega el grupo de montaje, que instala o quita las figuras de los tronos. Casi al mismo tiempo empiezan a trabajar los electricistas y, poco después, una sección de mantenimiento se encarga de evaluar y subsanar cualquier desperfecto. A continuación se adornan los tronos con flores y demás. Finalmente, tras más de cinco horas de tajo en algunos casos, comienza su trabajo el grupo de limpieza. Y así durante toda la Semana Santa. A veces sin dormir durante uno o más días, aunque con unas ganas encomiables. Manuel García, mayordomo de la Verónica de la Cofradía de Dolores, coincidía con sus compañeros: «Estamos reventados», concluía con una sonrisa. En los últimos días ha dormido unas pocas horas, pero no pierde las ganas. Para él, lo mejor de la Semana Santa, «además de la recompensa religiosa y espiritual, que es algo muy personal y que depende de cada uno», es «la satisfacción de que a la gente le guste la procesión, ver la satisfacción de los vecinos y los visitantes. Eso sí que merece la pena». Manuel es joven, tiene 30 años, pero lleva desde los catorce en la cofradía, en la que entró de portador. Piensa «continuar durante muchos años más». Los más veteranos, como María del Carmen, que cuenta entre risas que lo de subir y bajar al trono para poner las flores ya le pesa un poco más, están seguros de que el relevo generacional llegará sin problemas. «Mira sino a María Dolores», dice. Ellos disfrutarán, como sus padres y familiares, de una tradición que, además de procurar emoción religiosa y la vocación de trabajo, crea amistades inseparables, e incluso historias de amor como la de María Rodríguez, que ayer adornaba el Prendimiento, y que conoció a su marido en la cofradía.