Reportaje | El pregón del obispo de la diócesis sirvió anoche de prólogo en el Jofre a una nueva edición de la Semana Santa de Ferrol Monseñor Sánchez Monge reivindica la dimensión más profundamente humana del cristianismo frente a los movimientos laicistas que rechazan la presencia de la fe en la sociedad
25 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.El obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Sánchez Monge, hizo anoche del pregón de la Semana Santa una reivindicación de la presencia pública del cristianismo y un llamamiento a hacer visible la fe, a «pregonarla y ofrecerla como tesoro por el amor de Dios hallado». Prelado y teólogo de sólida formación intelectual, firmemente comprometido con los desfavorecidos y con la necesidad de que la Iglesia ofrezca al mundo respuesta a las grandes cuestiones que más preocupan a la humanidad en los albores de este nuevo milenio, el obispo hizo ayer de su discurso un llamamiento a la reflexión: «Quién podrá arrebatarnos el signo de la Cruz?», se preguntó. «La cultura laicista que hoy recorre Europa -señaló Sánchez Monge en el pregón pronunciado en el Jofre- se ha convertido en una confesión de fe alternativa a la Cruz de Cristo. Se invoca la neutralidad ante la pluralidad religiosa -dijo-, mientras se reprime la fe cristiana y cualquier otra fe religiosa cuando no se tolera su presencia social y pública». Contra las imposiciones Sostiene Sánchez Monge que «no se puede obligar a las mayorías religiosas a enterrar los signos de la fe en el recóndito reducto de la conciencia, porque la fe es para vivirla -remarcó- en privado y en público; para pregonarla y ofrecerla como tesoro por el amor de Dios hallado, y perla por la que se da la fortuna, sin jamás imponerla ni obligarla». En este sentido, también señaló que no puede permitirse que «la Semana Santa se convierta sólo en una manifestación de sentimientos y en una exhibición de interés turístico», puesto que «su belleza brota de la fe, que la nutre y la alimenta». «Un encuentro con Cristo» Apuntó Sánchez Monge que «el cristianismo no es un sistema intelectual, ni un conjunto de normas morales, sino un encuentro con Cristo que acontece no en las nubes, sino en la densidad y en el espesor de nuestra vida real». «El encuentro personal con Jesucristo, cuando sucede -añadió el obispo- no le deja a uno como está. Le afecta por completo, le enamora, le transforma y se traduce en un caminar tras sus huellas. Pero seguir al Nazareno nunca ha sido fácil, porque la escolta que lo acompaña y cierra el paso hasta él, le ha colocado en un soledad infinita mientras la multitud se agolpa en su camino de dolor, enmudecida de espanto o enardecida de odio». El prelado agradeció ayer a los ferrolanos, además, su masiva presencia en los actos con los que la ciudad le dio la bienvenida a la diócesis, y recordó, conmovido, la presencia de la talla del Cristo de los Navegantes en su ordenación episcopal en Mondoñedo.