Reportaje | Carlos Fornos, el mejor ejemplo del arraigo de la fruticultura en Pontedeume DOS DÉCADAS CONQUISTANDO EL PRIMER PREMIO Es el eterno ganador del concurso de fruta de las Festas das Peras; además, en su cabeza están las fórmulas mágicas para conseguir ejemplares de primera categoría
03 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Se llama Carlos Fornos y es el rey de la fruta de Pontedeume. Tal cual. Desde hace dos décadas no hay quien le arrebate el primer puesto en el tradicional concurso que se realiza en las Festas das Peras. Vamos, que supone el mejor ejemplo del arraigo que tiene la actividad frutícola en el municipio eumés. Una tradición que justifica que ahora la oficina agraria y el Concello trabajen para activar un programa cuyo objetivo es que la gente «prante moitos máis frutais autóconos». Si todos aprendieran de Carlos Fornos, el programa sería un éxito. A este hombre no hay variedad ni injerto que se le resista. No en vano, dipone de mil y un trucos para conseguir que las manzanas, peras o pexegos sean los que mejor sepan, luzcan y huelan. Su historia da para muchas líneas. Sentada en la cocina de una vivienda unifamiliar de la parroquia eumesa de Campolongo, Encarnación, la madre de Carlos que mañana celebra su 81 cumpleaños, comienza a contar de dónde viene la tradición frutícola de su hijo: «Na casa xa tiñamos frutais dende sempre, o que pasa que non como agora, que o meu fillo pasa horas e horas coidando neles, pero bueno, a el sempre lle tirou iso de ir á horta e coidar as árbores». Luego, es su propio hijo quien sigue la historia: «Eu traballaba en Astano e cando me prexubilei comencei a ir todos os días á miña horta, a coidar as árbores que é o que máis me gusta». Así, dice, comenzó a obtener manzanas que sabían a manzanas y peras «como as de antes, co seu xugo e a súa carne boa». Todas las variedades Pero lo de Carlos es ir a más. A mucho más. Por eso, comenzó a recorrer las parroquias en busca de especies autóctonas de donde pudiera sacar para hacer injertos. Unos injertos que, por cierto, hace con espiños traídos de las Fragas do Eume; «dos mellores», asegura. Así se hizo con manzanas tabardillas, morenas, del país, rogelias, príncipe, repinolas o reina de reinetas. De todas ellas es capaz de decir sus características sin tener que mirar libro alguno que valga. Además, desde hace tiempo, ha comenzado a realizar cursos para «ensinar e aprender». De este modo, 30 personas acuden a unas clases donde Carlos y otro experto hablan de cómo podar o hacer injertos. Por descontado, Carlos enseña a que «se quitas as follas da árbore unha por unha a froita sae moito máis vigorosa». Pero la pasión de este hombre no tiene límites. En la misma cocina donde cuenta su historia, ante la mirada de su octogenaria madre, de su esposa y de su hijo, Carlos canta una copla, la poesía que él mismo compuso a sus manzanas: «Díxome unha froiteira, cando a ía prantar, se non me vas coidar non me prantes, déixame secar».